Sueño de una noche de verano
Hoy he tenido un sueño extraño... terrorífico, más bien. Hace más de dos meses que ha muerto mi madre, y todavía no había soñado con ella (o puede que sí, pero no me acuerdo). Puede que todavía no haya asimilado lo que nos está pasando, y aunque haya momentos que lo paso muy mal, nunca he llegado a obsesionarme demasiado con ello. Hasta hoy.
Este sueño, como todos, está lleno de incógnitas y elementos absurdos, pero más o menos puedo reconstruir la historia, aunque faltarían muchos detalles que no logro descifrar, o recordar (cuando en su momento lo hice).
Estábamos cenando. Toda la familia: mi padre, mi madre, mi hermano, mi hermana y yo. Era una especie de bajo, de garaje, todo gris, incluso las paredes, y en el centro una mesa rectangular con un mantel blanco. No recuerdo si comíamos o no, lo que sé es que yo hablaba animadamente, contenta de que estuviéramos todos juntos. Pero nadie respondía. Todos miraban sus platos, mi madre miraba hacia delante, estaba viva, pero parecía haber salido del hospital: estaba pálida, con una manta sobre los hombros. Y sin embargo, yo estaba contenta. Mi padre estaba muy serio, y de repente dijo algo de: no finjas, no podemos fingir.
De repente, mi madre se levantó y se puso a correr por el bajo, se subió por la pared, de espaldas, como si la subiesen con un hilo o algo, y al observarla vi que había un crucifijo enorme colgado, como el de Jesucristo. Mi madre llegó allí y extendió sus brazos, quedándose sostenida en él sin ningún clavo. Yo fui corriendo tras ella y me quedé abajo, gritándole que se tirara, que yo la cogía, y ella lo hizo. La cogí en brazos, no pesaba nada. La tenía en una manta en mis brazos, como si fuera un bebé, pero mucho más grande. Y sin embargo no pesaba. Tenía los ojos cerrados.
Entonces fue cambiando de color. Del carne pálido, pasó a azul. Poco a poco, por los brazos, por la barriga, de azul claro a azul oscuro. Yo gritaba y lloraba pidiéndole a mi padre que nos llevase al hospital, que se iba a morir, pero él seguía quieto, sin decir nada, no me miraba. Yo empecé a desesperarme, y corría con mi madre en brazos por todo el recinto, me acerqué a mi padre y seguí rogándole a grito limpio que teníamos que ir al hospital, y seguía sin hacer nada. Mientras tanto, mi madre seguía cambiando de color, y de pronto me encontré que tenía entre mis brazos a un cadáver, de color negro, como quemado, sin piel casi, sólo el esqueleto. Pero yo seguía pidiendo que me llevase al hospital.
Después, sin saber por qué, estaba en la calle. Llovía, y creo que estaba en Santiago. Iba por las calles llenas de coches y paré un taxi, pidiéndole que me llevara al hospital. Lo que recuerdo del viaje es que llegamos a la plaza de la Catedral, o eso me pareció. Y ahí se acabó el sueño.
Bueno, en realidad hubo otros antes y después, creo que luego íbamos a hacer senderismo, pero era de noche y decidí no ir, y fui junto a mi padre a otro bajo donde trabajaba gente con ordenadores, pero no lo recuerdo nada bien, tan sólo son imágenes sin sentido.
De lo que no me voy a olvidar va a ser de ese sueño horrible, y por eso quiero que quede aquí escrito, porque aunque mi padre diga que yo me lo tomo todo a broma, no es cierto. Fue él quien dijo que "todos fingimos muy bien". ¿Tanto me afectó ese comentario para llegar a soñar esto?