Carried away by a moonlight shadow...
Apagué el ordenador. Me sequé las últimas lágrimas y me senté en la cama, con la cara entre las manos. Tras unos minutos, alcé el rostro y la vi. Entre las rendijas de la persiana, una esfera brillante destacaba en el negro de la noche. Llamó mi atención.
Subí la persiana y abrí la ventana. El frescor de la noche acarició mi piel, y cerré los ojos, sintiéndolo en mi cara y en todo mi cuerpo. Volví a respirar profundamente, y sentí el olor del monte, ese olor a hierba fresca, a pino y, aunque no me guste que los montes estén llenos de ellos, a eucalipto. Pero esa noche me sentó bien. Realmente bien.
Era la una de la madrugada, y todo estaba oscuro. No había nadie en la calle, y aunque a veces se escuchaba el ruido de un coche al pasar o de una pelea de gatos, el canto de los grillos era la única banda sonora de la escena.
Miré a los edificios de enfrente. Alguna luz se apagaba en una habitación y se encendía en otra, pero nadie miraba por la ventana como hacía yo. Entonces, miré hacia arriba. Ahí estaba. Una luna perfecta, luminosa y cautivadora. Resplandecía tanto que parecía ser de día, se veían las pocas nubes en el cielo con su fulgor. Una luna perfecta. Una noche perfecta. Y sólo para mí.
Quise bajar a la calle, quise tumbarme en la hierba y mirar el cielo toda la noche. Pero no podía. No me estaba permitido salir a esas horas. No me estaba permitido ser yo misma.
Miré hacia abajo. Estaba en un segundo piso. No parecía tanta distancia hacia el suelo. Asomé hasta la mitad de mi cuerpo por la ventana, y lo pensé. Sólo tenía que poner un pie en una mesita redonda que estaba pegada a la ventana, tomar impulso y tirarme. Era fácil. Lo pensé. Pensé en lo agradable que sería la caída, antes de llegar al suelo. Puse el pie en la mesita, y volví a mirar abajo. Pero sabía que no era en serio. No lo haría nunca. Tenía demasiado miedo al dolor, y a la muerte.
Tomé mi última calada de aire fresco, y cerré la ventana. Bajé la persiana. Como desde que me di cuenta de lo que tenía y no podía compartir con nadie. Como todas las noches. Como siempre.
Entonces me metí en cama. Y pensé en él. Como todas las noches. Como siempre.
Don't you know that you can't fight the moonlight?