Fábula
Y recuerdan como él se transformó
en árbol porque así lo deseó,
y se quedó plantado allí mirando
la tierra en que nacían flores nuevas...
Fue refugio de conejo y colibrí,
y el viento le enseñó a qué saben, sí,
la miel y la resina silvestres y,
la lluvia lo bañó.
"Y mi felicidad...", decía para sus adentros,
"Eso... eso... sé que ahora la encontré..."
"Eso, porque tengo todo el tiempo ya para mí..."
"Ya no necesito más de nadie..."
"Toda la belleza de la vida es para mí..."
Y un día pasaron por allí los ojos de una niña,
que le habían robado al cielo el brillo de dos estrellas...
Y se estremecieron sus raíces.
Cuánto desconcierto,
de improviso dentro de él.
Eso, solamente, siente el hombre sin la mujer.
Y alargó sus ramas hacia ella...
Sintió que la felicidad no es nunca la mitad del infinito...
Luego era el tiempo, sol y luna, luz de música.
Era el tiempo gris de llanto, y entre tanto,
era un hombre que a la vida despertó.
Era como el tiempo que llenaba sus enormes soledades
Esa parte verdadera que una fábula encantada
esconde en sí para ser auténtica...
Eros Ramazzotti - Fábula