<body>
 

R.I.P.

* Betta siente un escalofrío al ver esas siglas.

Ayer se murió mi cebrita. La verdad es que no es raro que se me muera un pez (y más en mi acuario, que llevo más de un mes sin cambiarle el agua). Pero es que este era un pez especial. Porque hace más de cuatro años que lo tenía. Aunque sus compañeros muriesen, él (o ella, que siempre creí que era hembra), seguía ahí.

Y era todo un pez. No se limitaba a nadar de un lado a otro y esperar a que le dieran de comer. No. Era un pez con carácter. Era molesto. Se pasaba todo el día metiéndose con sus compañeros, nadaba con rapidez y precisión, atacaba en el momento justo y perseguía sin cesar a su pobre víctima hasta que encontraba a otra. Incluso las plantas o las piedras sufrían su mala leche.

Por eso siempre me quejaba de ella. Pero en el fondo, le tenía cariño. Aunque quisiera regalársela al primero que pasaba, siempre sabía que no lo haría. Porque mi cebrita tenía carácter. Porque hacía que la vida del acuario fuera entretenida.

Porque siempre necesitamos a alguien así en nuestras vidas.