Con todo esto de las rutas de senderismo andaba yo distraída en clase, cuando Miguel, un chico de mi clase, me enseñó la página de un club de montaña del Burgo,
O Carroucho, a las afueras de Coruña. El sábado 23 de Abril hacían una ruta a un sitio donde siempre quise ir:
la playa de las Catedrales, en Lugo. Así que aunque me lo pensé mucho, aunque todo eran pensamientos negativos (llevaba toda la semana lloviendo, no conocía a nadie, no iba a ser capaz de hacer la ruta, tenía una boda el sábado como excusa perfecta...), y aunque por vagueza y miedo me quería quedar en casa hice la transferencia de 11 euros por internet, y no lo asimilé hasta el sábado a las 7 de la mañana, la hora en la que me levanté.
Llevé mi mochila pequeña blanca que siempre me acompaña, obsequio de Pity, cargada con dos sandwiches de fiambre, un plátano que me compró JB pensando en mis agujetas, un yogur líquido, unos pastelitos (para hacer amigos xD), el reproductor mp3, la cámara de fotos, móvil, llaves, cartera... Me recordó a las excursiones del colegio. Y no me importó madrugar. ¡Iba a la playa de las Catedrales!

Cogí el autobus a las 7 y media, y ya estaba en Coruña a las 8 menos 10. No había tráfico como todas las mañanas. De camino en el bus me dio por mirar la cámara y comprobé con horror que estaba rota la pantalla. A mi mente vinieron esas imágenes de cuando iba corriendo el viernes por el hospital para visitar a Pity y se me cayó la mochila dos veces. Diugh. ¡No iba a poder hacer fotos! Aunque quizás sí. El caso es que confié en que funcionara, y en que salieran bien mirando por el visor, y en que no se me acabara la memoria, porque no podía ver cuántas me quedaban.
Cuando llegué a Coruña fui a comprar agua, y luego a la parada del bus, donde se estaban juntando algunas personas con mochilas bastante grandes, con palos y hasta con esterillas, lo que me hizo plantearme seriamente si llevaba todo lo necesario. Todos llevaban chubasquero, menos yo. Pero hacía una bonita mañana, aunque todas las previsiones fueran de lluvia. Charlé con una chica con acento extranjero, le dije lo de la cámara, que era la primera vez que iba... Parecía muy simpática pero la conversación se cortó cuando llegaron sus amigas, a la vez que mi compañero de clase.

A las 08:10 en punto llegó el bus a buscarnos, que hacía paradas en Coruña y en el Burgo. Era un bus de dos plantas. Me sorprendió mucho, y más cuando en la última parada estaba lleno. Y eran sobre todo señoras, y señores mayores, todos con mucha vitalidad encima y diversión, riendo con la gente que conocían y con la que se reencontraban. Vamos, que yo era de los más jóvenes (exceptuando a dos niños que parecían veteranos en rutas). Miguel y yo nos sentamos arriba y comentamos emocionados que hacía buen día.

El viaje empezó, había tres monitores-guías que nos repartieron el folleto de la ruta y de otras que iban a hacer otros clubs, nos repartieron unas latas de Nestea (colaboraba Coca Cola xD), que creo que a la mayoría no nos gustaban, y Jaime, el monitor que conocí, hablaba por el micro del bus, diciendo que era el tercer club con más socios de Galicia, que a ver si se apuntaban más, que había camisetas y gorras a la venta, que nos iban a poner unos vídeos de rutas de otros años, y muchas otras cosas entre chistes que nos hicieron reir a todos.

A las 09:45 hicimos una parada en Villalba (donde nació Fraga :S, y donde un escritor de literatura juvenil que nació allì recreaba siempre sus libros xD), para desayunar y comprar cosas para comer, y como nosotros ya teníamos nos fuimos a explorar un poco. El paisaje natural de Villalba era bonito, pero la ciudad dejaba mucho que desear (parecía Arteixo -_-). Llegamos a la plaza del ayuntamiento, comimos algo porque no habíamos desayunado, y volvimos a las 10:15 al bus de nuevo.

La ruta iba desde
Ribadeo, en el límite de Galicia con Asturias (de hecho, cruzando un puente estábamos en Asturias, y ahí empezamos la ruta, ¡en Asturias!), pasando por la playa de las Catedrales, hasta la de San Miguel de Reinante. Pero nosotros visitaríamos primero la playa de las Catedrales, porque con la marea alta no se puede bajar, y ya estaba empezando a subir. A las 11:30 estábamos en la playa, y teníamos media hora para explorar. A lo lejos se podía ver el pueblo de
Foz.
Visitaremos con la marea baja la playa y contemplaremos las cuevas que hacen el mar y el aire en las rocas en esta parte de la costa. 
Si el sitio en sí ya era precioso, la playa era increíble. Rocas tan grandes que realmente parecen catedrales, con la piedra cortaada en láminas, con unas cuevas enormes que hacen laberintos por la playa, arcos sobre la arena que no sé cómo pudo moldear así el agua, una arena fina y un mar de un color turquesa precioso. No podíamos acceder a algunas partes porque la marea ya había subido un poco, pero aún así no nos llegó el tiempo, y el monitor tuvo que pegar gritos para que la gente bajase de una gran roca con unas vistas increíbles, porque teníamos que hacer la foto de grupo.

Ya había alguna gente visitando la playa cuando llegamos, incluso un grupo de chicos que parecían extranjeros bañándose, y a mí me entraron unas ganas locas de hacer lo mismo. Y casi lo consigo. Cuando nos reunimos todos (¿más de 60?) para hacer la foto, una ola nos alcanzó a la mitad y entre risas nos cambiamos de sitio. La foto quedará para el calendario del club del año que viene.

Un poco más tarde de las 12 volvimos al bus para empezar la ruta en sí. Nos dejó en Asturias, y la mayoría de las féminas evacuamos en el campo, aquello acabó pareciendo un baño multitudinario. Los primeros empezaron la marcha, y les seguimos bastante esparcidos unos grupos de otros. Cruzamos el puente que cruza el río Eo desembocando en el Mar Cantábrico. Al otro lado del puente, en la lejanía podía verse Vegadeo, y nosotros llegamos a Ribadeo.

El puente fue algo que me impresionó bastante, nos asomamos por la barandilla y aquello era espectacular. Bordeando la costa nos acercamos a otro puente que era un mirador, y más adelante nos encontramos con un albergue de peregrinos del camino de Santiago, y una especie de fortaleza con foso incluído. Fui conociendo gente en el camino, y escuchando conversaciones, riéndome y disfrutando del paisaje.
Iremos hasta el límite con Asturias. Aquí comenzamos la ruta atravesando el puente de los Santos que nos acerca a Ribadeo. En el otro lado de la puente vamos a ver un albergue de peregrinos que cogían el camino del Norte, seguimos por la costa hasta llegar al faro de Isla Pancha.

Creo que ese faro fue de lo más bonito que vi en el viaje. La foto lo dice todo. :) Aquí nos paramos todos mucho rato para contemplarlo, era precioso. Todos sacamos fotos del sitio, ¡hasta yo misma me decidí a salir en una foto con algo tan bonito detrás! Después de extasiarnos del sitio seguimos andando por la costa, siguiendo las sendas entre una hierba tan fina y mullida que no pudimos resistir la tentación de tirarnos en ella,

y de disfrutar del viento moviéndola, provocando olas "de hierba". En definitiva, que hacía un día soleado, estaba en un sitio precioso, no había prisas y la gente era amable, simpática y divertidísima.

En este camino volví a hablar con la chica de la parada del bus. Era italiana, de Sicilia, se llamaba Lea, está haciendo un doctorado de química y la acompañaban sus amigas biólogas, Patricia y Elena. Seguimos el camino de la costa, vimos
una ballena muerta flotando entre las rocas (hace poco que vi una con JB, me gustaría no verlas :S), y tras andar un par de kilómetros, y aunque los monitores nos decían que sólo habíamos hecho dos o tres, empezamos a cansarnos.

El camino empezaba a complicarse, algunas cuestas arriba, rocas, silvas, toxos, barro, regueros de agua y algunas gotas de lluvia. Y sobre todo, ¡teníamos hambre! A lo lejos veíamos la iglesia del pueblo donde teníamos que llegar, y apuramos el paso. Aunque soy muy torpe y me tropecé varias veces, no me caí. Uf.
Recorreremos el golfo de Masma, de lleno en el Mar Cantábrico. Unos metros más adelante encontramos una aldea asentada en un pequeño puerto natural y que se hace llamar Rinlo, donde se puede degustar un buen arroz con marisco.
Nos reunimos en una plaza a las 15:30 y comenzamos a devorar nuestra comida. Curiosamente, todos llevábamos plátanos de postre. Los vecinos del pueblo se quedaron encantados de ver a tanta gente, y una señora muy amable se ofreció a llenarnos las botellas con agua. Después de comer, mis compañeras y yo buscamos el bar del pueblo y tomamos algo mientras charlábamos, pero de repente empezó a llover y todos se refugiaron en el bar. No daban abasto. Enfrente del bar estaba ese restaurante donde no sé si comieron algunos monitores, el del arroz con marisco.

El cansancio se notaba, al levantarnos no podíamos mover casi las piernas. Un rato después nos fuimos a descansar al bus, y Lea se sorprendió de que conociera a Carmen Consoli (gracias Jake ;P), y me tradujo un poco la canción "Mai Come Ieri", y cantamos juntas. Cuando era hora de reanudar la marcha, ellas prefirieron quedarse en el bus porque estaban cansadas, y yo con pena me despedí y seguí el camino, porque no quería perderme nada. Ya habíamos andado la mitad de la ruta, unos 9 kilómetros. Me reencontré con Miguel, que había estado explorando la iglesia y recorrimos el pueblo, hasta el puerto. Era un pueblo muy tranquilo aunque con unas casas bastante feúchas. Pero el puerto era muy bonito.
Continuamos por la orilla hasta llegar a Pena dos Corvos, entrando en la ensenada de Cegoñas con una pequeña cala. Más adelante encontramos la playa de los Castros, y otras calas más pequeñas a lo largo del recorrido.
Durante el camino vimos cetáreas, donde se criaba el marisco, que estaban abandonadas pero seguían en buen estado. También había una piscifactoría abandonada, y me gustaron mucho las vallas que rodeaban los terrenos, que estaban hechas de piedras de pizarra y ...., parecían castros. Vamos, que todo me pareció muy natural, y no había nada que estropeara el paisaje.

Cuando Jaime nos explicaba que "y el mar entra por aquí...", estiró el brazo y el viento se llevó volando la ruta que hasta había plastificado para que no se mojara. "Bueno, eh... se acabó la ruta". Nos partimos de risa, pero seguimos el camino, porque lo habían marcado con flechas y realmente no era difícil seguir los senderos por la costa y los acantilados. Algunos tramos eran peligrosos, pero ahí estaban los monitores para ayudarnos hasta dándonos la mano para apoyarnos.

Se comunicaban con walky talky, porque del primer grupo al último había mucha distancia. Nos recreábamos con el sitio. Vimos un hormiguero enorme, un caballo atónito ante tal muchedumbre que pasaba a su lado, un burro (¿o asno?) muy nervioso pero que quedó muy bien en una foto, vacas que corrían en estampida siguiéndonos, agua roja que parecía sangre y que eran algas...

La verdad es que el camino no fue nada duro, las señoras me animaban, me decía que era muy joven y que si ellas podían que cómo no iba a poder yo, y me contaban las veces que hacían rutas, había gente que llevaba más de 6 años. Conocí a Álex, un chico muy agradable que me contó que además de hacer senderismo hacía barranquismo, rafting... Que se lo pasaba como un enano, y que en la última ruta del Carroucho vieron la cascada más grande de Galicia. Que era precioso. Y yo no fui. -_-
A lo largo de todo el camino podremos observar una costa erosionada por la fuerza del aire y del mar. Cuando hay mareas vivas el mar entra con fuerza contra las rocas, creando este maravilloso paisaje, y que quedan más remarcadas en la playa de los Castros y en la de las Catedrales.
La lluvia se nos acercaba, y cuando llegábamos a la playa de las catedrales, empezaron a caer gotas, pero sacamos unas buenas fotos de las rocas, que parecían que iban a desplomarse bajo los pies, parecían puentes, y tenían grandes cuevas donde rompían las olas. El chaparrón cayó, y todos corrimos al bus, que estaba muy cerca, y un chico me refugió bajo su paraguas que casi sale volando.
Ya para acabar la ruta, cogeremos el paseo de madera que nos acercará hasta Santiago de Reinante y si aún tenemos ganas de seguir el camino, podremos llegar hasta el final de la playa de San Miguel, donde ya hai un importante núcleo turístico que está lleno de gente durante la etapa estival.Alcanzamos el bus todos mojados, y el monitor se quejó porque todavía nos quedaba kilómetro y medio de recorrido por el paseo de la playa hasta San Miguel de Reinante, pero nosotros ya lo habíamos visto y no queríamos mojarnos más. ;P

Así que volvimos rumbo a casa, pero en el camino nos paramos en Mondoñedo, en O Rei das Tartas, otra media hora.

Nos reconfortamos un poco, me tomé un cola cao, charlamos y volvimos al bus, viendo durante el viaje vídeos de otras rutas y escuchando música folk. Todo muy patriótico. Más risas en el bus, y llegamos casi a las 22:00. La gente se fue bajando en sus paradas, nos despedíamos hasta otra ruta, y en nuestra bajada me despedí de Miguel y de las chicas, espero seguir en contacto, y hasta conocí a otra chica, Noemí, cuando iba a la estación de buses, que también salía de ruta con Ártabros. Me animó a que siguiera con las rutas y cogí el bus para Arteixo, con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja.

Y roja como un tomate porque me había cogido el sol. ¡Toma!
¿A que quedaron preciosas las fotos para no saber a qué disparaba? xD Más en
Sobrepena.
Me duele todo.
¡Mirad qué
mapa tan bonito de la ruta me encontré en interné!