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La llamé y no respondió

Hoy me sentía bien. Llegué a casa, entré en la terraza y llamé a Lura, mientras cerraba las ventanas que había dejado abiertas, y pisaba el suelo encharcado de la granizada de hacía cinco minutos.

Lura no respondió, me acercé a su cama, levanté las camisetas donde dormía y allí estaba. Tiesa. Con una postura anormal y con una expresión de sufrimiento.

Parece ser que alguien dejó la puerta abierta, ella se escapó, bebió algo del cubo de la fregona o comió algo, mi hermana la encontró después y la devolvió a su sitio. Lura se fue a dormir intoxicada y se murió entre convulsiones.

Lura está muerta y yo no me lo puedo creer.