Llegué al Garufa a las 12. Fui con mis ex-encargados, Iván y Olalla, mi hermana y una amiga, contenta de haber conseguido que se decidieran a ir, después de describirles lo que sería una noche de risa, palmas y coros. Desde fuera ya se oía la voz de Tom, y me apresuré a entrar. El mismo ambiente, la pared verde, las luces rojas, el humo, las escaleras con la gente sentada, algunas mesas al lado del escenario donde Tom, sentado en una silla, tocaba.

En la puerta me encontré con Pablo, un joven cantante que había conocido también en internet, y al que había convencido para que fuera al concierto. "He conseguido fecha para tocar aquí yo solo." Me alegré por él, el chico tenía una gran voz y unas canciones dignas de ser escuchadas. Allí estaba Lucía, su novia, y el tema de una de sus canciones. Me acerqué a la barra y saludé a Marco. "No he visto aún esa crónica con mi foto." Más de un año había pasado, y prometí llevársela impresa la próxima vez que fuera. Sentado en la barra estaba Zopak, que me tocó el hombro y al que al principio no pude reconocer por su corte de pelo. Lo conocí en los conciertos de Tom con su novia Natalia, una entusiasta de dar palmas, pero no estaba allí esa noche. Con mi bebida en la mano y una sonrisa de oreja a oreja bajamos las escaleras, vi a Gabriel, otro chico que conocí en los conciertos y en el Festitom, saludé a Pepe, le di dos besos al Chino y abracé con ilusión a Rocío, la Pipi. Estaba embriagada, contenta de estar entre la misma familia que se reunía en cada concierto, la gente que ni mis amigos conocían por ser una parte de mí misma que yo sola busqué.
Y las charlas, las risas, las miradas de pena y las caricias de consuelo por momentos pasados se mezclaban con las notas de una guitarra y una voz que se alzaba sobre todos, que nos hacía levantar la cabeza y cantar al unísono.

Miraba a mis amigos para ver si les gustaba, si disfrutaban. Les vi cantar, reír con las historias de Tom, dar palmas y sonreírme. Y comentaba las canciones. "La vida se me va", la desgarradora. "Explosión", la primera que escuché de Tom por internet. "La ramita de laurel", una delicia en su nuevo cd con la voz de la Pipi de coros. "Al salir a beber", la continuación del Joselito de Kiko Veneno que a Michael, el polaco en Edimburgo le encantaba. "Hambre porrera", la más esperada por todos para gritar y reír. Al escenario se subió Antonio "el Agujetas Chico", un flamenco que acompañó a Tom al cajón en una canción (¿o lo acompañaba Tom a él?), un chico que según me comentaron, era impresionante. No había mucha gente, y creo que cuando es así Tom hace unos conciertos más "íntimos", más flamencos.

Y de repente, una dedicatoria. Algo así como "A mi amiga Betta, la chica que más fotos me ha hecho en mi vida, sé que le gusta esta canción..." Y los acordes de "Stand by Me", y un pellizco en la mejilla de Iván, orgulloso, y sonrisas de los demás, y mis ojos clavados en aquel hombre que desde que lo conocí me
adoptó en su familia, me agradeció algo que para mí no es más que el reflejo de unos sentimientos que me inundan cuando estoy allí con toda esa gente que lo sigue y apoya, por hacer lo que hace, porque lo hace bien y porque pone su alma y todo su cariño. Y ese cariño lo pone también en los demás. Y en mí.
Una sombra de pena nubló mi vista al saber la razón de aquella canción.
No I won't be afraid just as long as you stand by me. Me falta mucha gente que me gustaría que estuviera conmigo, pero he ganado otra que está ahí, que me apoya y me aprecia y que ha hecho que deje el miedo atrás desde que decidí conocerla y ofrecerle algo que me sale bien.
Y volví a sonreir, y mi voz cantó con Tom aquel homenaje, y cuando los aplausos llenaron el aire sólo quería abrazarle, y me subí al escenario sin ver a nadie, sólo a él, y nos abrazamos con fuerza y le susurré un "Gracias".
Después del concierto, me llevé un cd dedicado tres veces: en agradecimientos, y una vez en la portada y otra en la contraportada. Todas las tres dedicatorias con su propio significado. Nunca sé qué decirle a Tom cuando hablamos. "Lo importante es estar aquí". Lo pusimos en el coche. Todos nos quedamos con un buen sabor de boca.
Hoy no podré ir a su concierto, pero todo lo que he escrito, y mucho más estará rondando mi cabeza esta noche, mientras trabajo para gente que ni se imagina que hay un mundo más allá en mí que poner queso y lonchas de jamón en una pizza.