<body>
 

No te pierdas la oportunidad

Estás de noche en casa. Con la estufa puesta, cómodamente sentada, viendo tu serie favorita, o entretenida escuchando música e interneteando. Son las 22:00 y sabes que a las 23:00 hay concierto de Tom en el Garufa. Salir de casa no te apetece, está todo tan oscuro y hace tanto frío...

Empiezo a mentalizarme, me pongo alguna canción para recordar un momento, algunas fotos del blog... y vale, tengo que ir. ¿Cuántos conciertos van? ¿Llegarán a 20 ya? No los he escrito todos. Hay que aprovecharlo... ahora que está aquí, y ahora que yo vivo aquí.

Así que me preparo, me enfundo en la chaqueta, me pongo el mp3 y salgo a la calle. Sí, hace frío y no hay mucha gente. Me espera un camino de media hora. Primero por la zona del puerto, luego me adentro por la calle real tan iluminada y subo por la ciudad vieja en un recorrido que seguramente sería más corto por otro lado, pero que yo misma lo tracé una vez y está claro que soy un animal de costumbres.

El pub está siempre más cerca de lo que me parece y fuera no hay nadie, se oye la música de dentro. Entro, y ahí está tocando, y sonrío a todos, y me pido una coronita, y me siento con mi familia de conciertos al lado del escenario. Reímos, aplaudimos, y hablamos mucho. Me dedica una canción y esas palabras que siempre hacen que me ponga una colorada.

Una canción especial. Se acuerda de cuánto me gusta, aunque no se acuerde de cómo sigue. Aunque sea suya. Hace mucho tiempo que no la tocaba. Hace mucho tiempo que lo conozco ya.

Calor, humo, ruido y canciones que nunca cansan, y otras nuevas que dejan un silencio emocionado. La casa cuartel de Kiko Veneno, un ejemplo. Ella vuelve pronto y sola, no sabe qué hacer sin él... Y él no sabe que hacer con el cuerpo... Viven en la casa cuartel... Y sólo quiere irse muy lejos, cogerla de la mano y salir corriendo... Muchas de estas canciones son de mis preferidas por convertirse en momentos tan emotivos en esas noches que no quería salir de casa.

Después, una espontánea, de ese grupo de gente italiana que no se sabe de dónde sale,pero no se pierden ni uno. La chica se llama Ágatha, y tiene voz de negra. Un andaluz y una italiana cantando canciones en inglés con voz de negra y una guitarra de acompañamiento.

Genial.

Y entonces se sube una rubia que no tiene nada que hacer a su lado. Esa chica dio mucho que hablar durante la noche... y mucho que reír. Una actuación final de la italiana que al igual chilla demasiado, y la gente se desperdiga, y el momento de charla se alarga lleno de sonrisas y de bromas, y de abrazos, porque llega el momento de irse y queda un buen camino...

Media hora de paseo al lado del mar, de madrugada, con el sonido de las gaviotas y la
música en mi cabeza. Y cojo el mp3 otra vez y canto contenta por la carretera donde nadie me escucha y los pocos coches pasan rápido. Pero empieza a llover y me empapo porque no hay donde esconderse, y me subo a un taxi y me voy a casa.

A la misma casa, de la misma noche, pero cuán diferente de hace un par de horas.

Que por muy vaga que sea esto yo no me lo pierdo.