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La música de las luces

Mis recuerdos de la infancia, son y serán siempre entrañables. Fui muy feliz, y tuve mucha suerte con mis padres, que me dieron todo y más. Y supe aprovecharlo. Sigo pensando que de no habernos mudado a Arteixo, ahora sería una persona completamente distinta. Yo era una niña muy segura de mí misma.

El año pasado en Coruña, en el escaparate de una tienda de antigüedades y de segunda mano vi unas partituras. Unas partituras especiales. Y es que cuando era pequeña, mi padre tenía un piano... mejor dicho, un teclado. Una cosa muy delicada para mí, que estaba siempre dentro de su dura funda negra, y que tocábamos allí mismo, sin sacarlo fuera. La tapa servía también como atril y archivador de partituras... Unas partituras que tenían una banda magnética. Se pasaban como una tarjeta de crédito por una ranura del teclado, haciendo que sonase su melodía y que se encendiesen luces indicadoras que te ayudaban a tocar la canción. Esas partituras estaban protegidas en plásticos transparentes... recuerdo la técnica para sacarlas a la primera, y el nombre de las canciones de las partituras que tenían la funda estropeada, porque se rompían por las juntas.

Había un montón, la mayoría de los Beatles, mi padre tenía su vida en vinilo. También había otras muchas canciones que aprendí a tocar con una mano. "Here, there, everywhere", "Cielito lindo", "La Paloma"... hasta "La Cucaracha". Todas muy variadas y que se marcaron en mi memoria. Las luces amarillas te esperaban cuando te equivocabas, y en las teclas negras había luces rojas, la parte difícil. Podías elegir el grado de dificultad, y que te pusieran las luces sólo cuando te perdías. En las partituras venían también las letras de las canciones, y aprendí a cantar "Let it be" y a tocarla con una mano sin luces. Mientras, mi padre me dejaba impresionada tocándola como un verdadero profesional de una manera que nunca aprendí. Me gustaría aprender a tocar el piano.

En la tienda de segunda mano compré esas reliquias de mi infancia por sólo 20 céntimos la unidad, y corrí a enseñárselas a mi padre, que tenía allí en su habitación, más de 20 años después, el mismo teclado. Muchas las tenía ya repetidas.

Todo esto viene a cuento de que hace poco me recordaron el título de una de mis canciones preferidas, Balada para Adelina y en cuanto empecé a escucharla, me emocioné. Es una canción preciosa. Tengo una banda sonora de mi vida.

Me vi a mi misma, de pequeña, tocándola con una manita.