En el anuncio del piso en el que vivo ahora ponía "patio grande". Y sí, el patio es como un piso entero de grande. Y tiene incluso mesas y sillas de jardín para montarse alguna fiestecilla o barbacoa. Está abierto, pero como estamos rodeados de edificios, no llega toda la luz, y vivo un poco a oscuras en la habitación.

Lo malo del patio es que se llena de porquería enseguida. Limpiar las ventanas no tiene sentido. Pero la guinda del pastel la ponen sin duda los vecinos, que no dejan de agasajarnos con objetos útiles,
como manzanas medio mordidas, plásticos de hamburguesas y cartones de leche que caen como bombas. Sin contar las
bragas y
calcetines que nadie reclama y que algún día recogeremos para beneficiencia. No imagino en qué situaciones pueden tirar este tipo de cosas por la ventana... una familia discutiendo (esa señora que no deja de chillar a sus hijos adolescentes), un niño haciendo una maldad, alguien con mala intención... aunque lo mejor fue cuando nos tiraron una pelota hinchable de playa de Estrella Galicia. Al menos nos divertimos con ella.

El caso es que con esta
mierda de tiempo (nunca antes había sido consciente de la
cantidad de lluvia que nos está cayendo, y nunca antes había deseado que volviesen ya los días soleados, me estoy agobiando de mala manera), entre el viento y la lluvia, ayer escuchamos un estruendo enorme en el patio. Miramos por la ventana y allí estaba medio tejado hecho añicos y algunas cosas de plástico no identificadas.
Ahí fuera no salimos hasta que termine el temporal. Tener un patio en Galicia no es buena cosa.