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Animal Instinct

A los 8 años, y dada mi insistencia, mi madre me regaló una cachorrita negra. La llamamos Tizona, era uno de esos cruce de pequinés, con los ojos saltones y los dientes algo pa'fuera. Fue mi gran compañera hasta los 16, cuando mi madre decidió que era suficiente, y la llevó al veterinario para ponerle la inyección. Lo pasé muy mal, con ella salía de casa todos los días, iba a investigar el pueblo, hasta la llevaba en el manillar de mi bici. Era buenísima, y hacía todo lo que le mandabas, desde quedarse quieta a recogerte algo. Y lo bien que lo pasaba jugando con ella.

Desde entonces, y en contra del pensamiento general de "yo no vuelvo a tener perro", me muero por tener perro. Se lo he pedido a mi padre muchas veces, pero no me dejó volver a tener uno, así que fui infiltrando en casa el hámster, la chinchilla, hasta la hurona, que ya casi es una mezcla de perro y gato. Con todos tuve mala suerte, y ahora que me he ido de casa, mi padre ha decidido tener un Cocker. Un adorable cachorrito de Cocker.

Tras la estupefacción inicial, no sé si lo que mi padre quiere es putearme o que vaya a ver a la familia más a menudo, o algo. Entiendo que él también necesita compañía, ¿pero por qué ahora que me he ido? Ains...

Así que mi hermana encontró a alguien que le regalaba uno, y fue a recogerlo. Pero al llegar a casa, se dio cuenta de que no podía casi caminar. Lo llevó al veterinario, y al parecer tenía una malformación en las patas y que no podría andar nunca, sólo arrastrarse. Así que tuvieron que sacrificarlo, y llamó a unos amigos para poder enterrarlo en su finca. Encima, creemos que la persona que lo regaló lo sabía de antemano y quería deshacerse de él.

Uno Más Después de este horrible mal trago, sus amigos, una pareja que había adoptado a otro perrito de la camada, decidieron darle el suyo. Pero este también tiene las patas delanteras mal, aunque la veterinaria asegura que con una buena alimentación y ejercicio se pondrá fuertote. Lo tenían desatendido, lleno de lombrices... Lo trajo a mi casa para que lo viera, y yo también lo creo, porque el cachorrito es un amor, y se interesa por todo, y juega conmigo, y oh-diox-mío-qué-cosa-tan-mona-lo-quiero...

Lo malo es que mi hermana no está segura de que mi padre lo quiera así, enfermo. Me da igual, si no lo quiere él lo quiero yo. En mi piso 4 de 5 tenemos muchísimas ganas de tener un perro. Pero sería algo complicado educarlo entre tanta gente. Ay.

Deberíamos llamarlo Sherlock. Por ser hoy su día.