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Y te enfureces

El Puerto El miércoles 26 de abril, después de un mes sin móvil y de tener que comprarme uno por un robo que desbarató mi economía, me llamó mi ex-jefe de la pizzería de El Puerto, el "centro de ocio" de Coruña en el que trabajé mes y medio hace un año. Tenía a una chica de baja, y como la encargada estaba de vacaciones, yo era su única alternativa. Ya me habían llamado más veces, y les había dicho que no, porque tenía un firme propósito de no volver a un trabajo basura en el que me tomaban el pelo. Pero esta vez, acepté, para sacarme un dinero extra a parte de los cómics puntuales que traducía.

Me rompí mucho la cabeza con lo de "ir o no ir". Pero fui a hablar con el jefe en cuestión, que como siempre, no me quiso decir cuánto iba a cobrar. Sin contrato, claro. "Lo estipulado", me contaba la misma mierda de siempre. "¿Lo estipulado? Y luego me pagarás 3,9? la hora (mientras yo pongo cara de ¿pero-qué-mierda-es-esta?), como la última vez." "¿3,9? ¡Ja! Es es imposible ¡4,9!". "Veremos." Como si eso fuera un sueldo.

Y me pasé una semana en la pizzería. Me puso de jefa del cotarro. Me dio las llaves, y yo tenía que abrir el chiringuito, que aunque no había cambiado desde hace un año, nunca había llevado sola. Y de repente, yo tenía que lidiar con mil repartidores, sin saber qué faltaba, tenía que hacer las pizzas (y me llevó dos días programar bien el horno para que no se me quemaran), y tratar con los clientes que me pedían cosas que yo no sabía hacer (sobre todo, café). Creo que perdieron un par de clientes gracias a mí. Me alegro.

Y encima, les dejé todo impecable. Aquello estaba muy dejado, y ordené todo lo inordenable, y limpié sitios que nadie había tocado en meses. Hasta hice un despachito en el almacén que estaba enterrado de pura basura.

Pizzería Me cansé al segundo día. De tratar con los clientes, de los precios tan altos que tienen por las cosas, de ver la cara que se les quedaba cuando les decía 7 euros por dos trozos de pizza y un agua de 33cl. De aprenderme todos los éxitos de los 40.

Lo bueno del trabajo era que no había nadie. En ese centro de ocio no hay ni un alma, porque básicamente sólo hay comida y cines. Estaba sola, y hacía lo que quería. Es decir, estar sentada. Y aburrirme. En sitios así, la vida se pasa delante de tus ojos. Al menos, si trabajas en sitios así, haces amigos en tu condición. En el centro tenía a los encantadores chicos del Burriquín. Y las compañeras que llegaban cuando yo me iba parecían majas.

Trabajaba de 12:30 a 19:30, lo que me partía el día, puesto que no hacía nada antes, ni después de trabajar. Me dolían los pies, muchísimo. Nunca me habían dolido tanto. Un dolor constante, desde que me levantaba hasta que me acostaba, durante toda la semana. Hasta que me di cuenta de que el problema no eran los pies, eran los deportivos.

Añoraba mis cómics. Eran el trabajo de mi vida. Pensaba "Oh diox, no permitas que acabe en una pizzería para siempre".

Día del Trabajo El día 1 de mayo, era el último que tenía que trabajar, y llegué tarde por la manifestación. "¡Trabajo digno!", gritaba yo también por dentro. -_- Pero oh claro, la chica no estaba recuperada. ¿He escrito alguna vez que no tengo personalidad? ¿Que soy muy buena, es decir, estúpida? Manipulable. Influenciable. Me quedé un día más, por pena.

Mi jefe me citó el viernes para cobrar. Lo llamé ese día, y después de un rato en silencio, me dijo "Acabo de irme del centro de ocio, ven mañana." Pero yo fui de todas formas a cenar con mi hermana. "Ya verás cómo está ahí, el cabrón." ¿Y quién estaba allí cuando llegamos? Cara de estupefacción y un: "Me tengo que ir, ven mañana a las 6."

Y allí estoy el sábado a las 6 y su cara es de "Joder, mierda, ya viene esta a por el dinero". Caras de fastidio, comentarios de fastidio, y me extiende un papel que es 40 menos de lo que yo había calculado. Como si yo quisiera estar allí.

"¿Esto? ¿Pero a cuánto me pagas la hora?". "A 4,2." "Pero qué dices, me dijiste que a 4,9." "¿¡Qué!? Eso es imposible, es a 3,9, y te lo he subido a 4,2, si se entera mi socio..." ¿Os he contado cómo le temblaba el labio inferior? "Y a mí qué me importa, me lo has vuelto a hacer, joder. Yo aquí no vuelvo más." Después de hacerle el mayor favor de su patético negocio. Firmé airada y me fui dándole la espalda.

¿Por qué no soy capaz de cabrearme, gritar, decir un par de cosas, tirar lo que tenga a mano al suelo, dar empujones, montar un escándalo? Oh, sí, me encantaría.

Sí, una estúpida. Y apuesto que no puede andar (usa muletas), porque ya le partieron las piernas alguna vez. O quizás debería ir y cogerle 40 euros de la caja si me vuelve a llamar, e irme.

¿Lo bueno de todo esto? Que para no volver a un sitio explotador, me han subido el sueldo con los cómics, que tengo un montón de trabajo, que vivo de esto, que lo adoro, y que nunca he estado tan feliz y entusiasmada como lo estoy ahora.

Y lo estaré, más.