En las calles más gastadas de Madrid
Pasé por Madrid sin pena ni gloria. Nunca había estado allí, y mi presencia se fusionaba con la de otros cientos de personas que pasaban a mi lado.
No quería coger el metro, porque a mí me gusta verlo todo, y sin embargo me pasé allí la mitad de mi estancia. La otra, en la Expocomic. Sentí que estaba en un túnel del tiempo. Moviéndome por las entrañas de la ciudad, en galerías de azulejos blancos, saliendo cada vez a un escenario diferente. Cuando el sol me iluminaba, era otro lugar, otro terreno en el que jugar.
Pero el haber estado allí abajo avivó el apoteósico momento en que saliendo por su boca a la noche de la Gran Vía, We are the champions sonaba a todo volumen. Y los coches pitaban, y la gente se apresuraba emocionada. Las mismas personas, la misma ciudad, pero con otra cara. Como si la sociedad cambiara el chip automáticamente. Eso es. Autómatas.
En Madrid eres una simple ventana de un piso de un edificio de cientos de pisos de una ciudad de millones de edificios. En Madrid no eres nadie. En Madrid eres uno más. Y yo fui una más que se pasó la noche bebiendo, que se sentó en un váter mientras todo lo demás se movía, que cruzó la carretera sin importar por dónde, que se rió y disfrutó del momento en el que se suponía que debía hacerlo.
Y desperté en la habitación de un hotel donde mis nuevos amigos me habían infiltrado, y por la ventana vi ante mí un día prometedor. En la única calle que había conocido.Y ya no era una más.
Era yo, en Madrid.
