Y no hay dinero
Estaba a punto de escribir un post sobre algunas de las cosas que buenovaledeacuerdo no están mal en Málaga cuando ha vuelto a mi mente esa oscura ilusión de lo que será mi vida en los próximos meses y parte del próximo año, y esas cosas que iba a escribir no valen nada cuando se acerca ese pensamiento, porque lo único que quiero es meterme en una cama en un cuarto oscuro y cubrirme con el edredón hasta que pasen los años.
El panorama: pasar los meses de verano con un calor horrible, trabajando en un cutre-trabajo a jornada completa para tener dinero para seguir viviendo. Tendré que cambiarme a un piso compartido, pasando de mi agrietada pero individual buhardilla a soportar la convivencia en grupo. Que seguramente no está tan mal y hasta lo paso bien y hago amigos, pero mi cerebro está en modo no-quiero-que-me-molesten y todo-lo-que-me-espera-es-malo y la verdad, me repatea. Algo así como que me repatea tener que dejar de pensar en mis problemas actuales para hacerle sitio a otros problemas que me darán más quebraderos de cabeza.
Tendré que buscarme un instituto para acabar mi estúpido ciclo, que claro, un título es un título, y en el futuro pues en vez de dedicarme a hacer cutre-pizzas y limpiar muebles pueda dedicarme a hacer cutre-webs y limpiar tiendas de informática. Y sinceramente, 6 meses madrugando y aguantando clases aburridísimas en la oscuridad, y teniendo que estudiar para exámenes cosas que me tiran de un pie me repatea más que todo lo anterior. Pero aún así tengo que hacerlo porque se me da bien y obtendré mi cutre-título y mi padre estará medianamente satisfecho.
Porque aquí el problema es que no tengo a dónde ir.
A casa (ese piso que nunca he considerado mi verdadero hogar) no puedo volver porque técnicamente mi padre me lo ha prohibido, en plan: búscate la vida. Me ha echado a los leones con una espadita seguro de que yo valgo mucho y acabaré con sus pieles de alfombras a mis pies en mi lujosa mansión. Y eso es lo que me queda, porque si no mi padre se podría llevar una desagradable sorpresa.
A Coruña no quiero volver porque por eso ya pasé y tuve que renunciar a todo lo que tenía allí para venir, y sería como un animalito al que sus padres han rechazado y espera cerca de la cueva a que alguna noche le dejen volver a entrar a dormir.
Pero es que tampoco quiero volver a Arteixo. Y eso ya es por cuestiones de salud físicas y mentales.
Total, que Málaga es mi casilla actual. ¿Y por qué estoy aquí? Porque vine como una niña ilusionada, con la única esperanza de un trabajo artístico que era lo que se adaptaba a mis cualidades: escribir, más bien, reescribir historias que alguien ya había creado, que había echado a navegar por el mundo y conseguido mantener a flote, el poder de decir "me encanta tal o cual personaje" y tener en boca nombres que casi nadie conoce pero tú sabes que un puñado de gente el mundo sí que sabe de lo que hablas. El volver a ser un niño que adoraba a sus héroes de cuento.
¿Y qué mas da la ciudad donde vives cuando puedes hacer eso?
Pero es tan cierta es la frase de "no se puede tener todo" que como la cosa no salga bien en los próximos meses tendré que volver a buscarme la vida con mi maleta en mano por el mundo entero, con mi negativismo siempre frente a mí, y la sensación de que todo lo que conseguiré va a ser un asco. Y entonces la ciudad donde vives pasa a ser vital. Porque si tengo que tener de nuevo una vida tan triste, sin amigos de esos a los que me puedo quejar durante horas y aún así me siguen queriendo, si voy a estar sola, al menos que sea en una ciudad que me motive. Y Málaga, ni fú ni fa. Se nota que no es mi hábitat natural. Y si pienso en el resto de España, tampoco es que me gustaría vivir en este o aquel sitio.
En realidad, se nota que a mi España, ni fú ni fa. Que he estado en lugares que me han hecho soñar y alegrarme cada día de salir a la calle.
Pero, y esta es otra, tampoco quiero irme sin más. "Vale, pues me piro a Escocia otra vez, que la adoro desde lo más profundo de mi corazón, y me busco allí la vida". Podría buscar cualquier trabajo y establecerme allí. Pero la cuestión es progresar. Ir allí con algún propósito. Apuntarme a algo que pueda hacer y valga para mi desarrollo personal y pofesional. Pero mientras sé cómo conseguirlo ni sé lo que es, aquí sigo, con mi reciente futuro esperándome.
Y es un asco.
Y así es como un post sencillo y agradable se convierte en las enrevesadas quejas de la inconformista autora, que, by the way, hoy no se sentía ni tan mal.
Nos falta el carisma y no tenemos talento
Sólo hablamos del pasado y nunca estamos contentos
Siempre discutidos, o nos dan por acabados
Hay tanto que no sabemos y el futuro es tan incierto
Hay tanto que no sabemos, y no hay dinero, no hay dinero
No hay dinero