Minutos
Quiso creer que no estaba allí por nada en especial. Quiso creer que las flores se mecían al sol, que el viento le acariciaba el cabello, que el césped le hacía cosquillas en los pies. Pero el sonido de las placas de metal cayendo a sus pies la despertó de su ensueño, y volvió al fregadero donde se pasaba las noches, mojando sus pantalones con el mismo agua que salpicaba su reflejo en las bandejas.