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1 año y 3 meses

Hoy me he ido del piso que tanto me disgustaba.

Hoy parece que esos enfados que tenía tiempo atrás por cosas ridículas en otros sitios, han quedado a millones de años luz después de lo que me he encontrado aquí.

En un año y tres meses.

Quiero agradecer este año y tres meses a mis compañeras de piso, que me enseñaron lo que es la mentira, la bordería, la sosería extrema, la superficialidad y la manipulación. Por este año y tres meses sin charlas, ni risas, ni comodidad en el propio hogar, ni otra cosa más que problemas y problemas. Por su obsesión y enfado cuando la casa no estaba (supuestamente) limpia, y su insistencia sobre mi persona en este tema, siendo ellas las que dejaban papeles en el suelo y colillas por la ventana del patio. Pero, sobre todo, quiero dar las gracias en concreto a esa maldita gilipollas y loca de remate que teníamos como compañera de piso, que tras un curso entero de llantos y gritos y peleas con el novio, con sus predictors, embarazos, abortos, insultos, malos tratos, y huidas incluidas, dejó de lado a todo el mundo para quedarse con el elemento, que habitaba en mi casa y era tan gilipollas como ella. Y por la pelea final antes de irse en la que casi le meto una ostia, aún sabiendo que esa mole me habría comido.

Y a mis vecinos. Cuánto quiero agradecérselo a mis vecinos. Muy especialmente al viejo de la casa de al lado, que no sólo me daba asco y me encontraba su cara mirando por mi ventana cada vez que pasaba por allí, si no que además de querer hacerse el bueno, tuvo la gran idea de hacer una obra durante tres infernales meses, volviéndome totalmente loca, incluso en domingo, y teniendo que amenazarle tres veces con la policía. Y por seguir, hoy domingo, dándole a la sierra, mientras yo hacía mi mudanza.

Gracias al vecino gilipollas de la cara de pez (no sé cuál de los dos me da más repelús) que vive en la otra casa del lado, por moverme la moto tantas veces porque tocaba un centímetro su "parking" y no le cabía el aire que lo llenaba, y a su asquerosa hija kinki, que llegaba a la una de la mañana todos los días vociferando "papáaaaaaa! papáaaaa!" a grito pelado, poniéndonos de los nervios, todo porque el puto padre no le daba las putas llaves a la puta niña cuando salía. SEÑOR, DELE UNAS PUTAS LLAVES A LA NIÑA. Y también a su novio kinki, por las escenas que se montaban en la calle, y sobre todo, por los infernales pitidos que daba cuando iba a recogerla en coche.

Y a la señora de los perros. A esa señora de presencia amable y cándida, que tuvo a bien comprarse su caniche infernal, que se pasa el día chillando con ese ladrillillo estridente, y al que me daban ganas de partirle el cuello. Gracias, también, por hacer que su maldito perro apareciera en mis sueños.

Y a los niños de la guardería. Porque gracias a ellos sé como es un niño. Y a sus maestras. Porque gracias a ellas, ahora sé que el peor trabajo del mundo no es el de basurero o el de propietario de una granja de cerdos, si no el de trabajar en una horrible guardería. Gracias por sus chillidos todas las mañanas.

Y a los vendedores de la calle. Porque si bien me gusta mucho la idea de que todavía haya vendedores tradicionales, tradicionales son también sus gritos, y nunca pensé que un grito me sacara tanto de quicio.

Gracias, en fin, a esta calle, tan pacífica desde fuera, que esconde terribles vociferios por dentro.



Seguro que se me olvida alguien al que darle las gracias.

Después de una semana sin saber qué hacer, ni a dónde ir, dudando de mi elección, de los desconocido, pensando incluso que me había equivocado... Y tras asesorarme de que ciertamente, esto era algo exagerado, y no imaginaciones mías... Ahora que ya estoy fuera, me siento muy, muy contenta y emocionada por mi nueva aventura, ¡otra de mis aventuras!, en otro barrio, con nuevas situaciones y nueva gente que me sacarán de quicio.

Pero esta vez, no aguantaré 1 año y 3 meses.

The noise of the world is getting me caught up
Chasing the clock and I wish I could stop it
Just need to breathe
Somebody please
Slow me down