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Turning into pieces

Esta tarde estaba yo tumbada tranquilamente en mi cama viendo el flamante nuevo episodio de Big Bang Theory... cuando, de pronto, ¡pum!: mi estantería (uno de los principales motivos por los que adoro mi habitación, ya que nunca he tenido estantería para mí sola), se cae por su propia iniciativa, destrozando la mesilla de noche, rasgando la pared, desmontándose, y mandando la lamparita a la papelera (que no sé cómo sobrevivió a la catastófre).


Y yo, perpleja, anonadada en la cama, tras ver el terremoto sin poder creérmelo. Mis pocos libros, y el casco de la moto parecieron ser demasiado peso para la estantería. Y ahora yo tengo una mesilla y una estantería menos. ¡Y podría haberme pasado algo MUY malo!

Y este no es sólo mi único suceso con esta habitación: a parte de los cables del infierno, el primer día que vi el cuarto, tuve la genial ocurrencia de correr las cortinas, dando como resultado un enorme palo de madera cayendo sobre mi cabeza, y provocándome un intenso dolor.

Ahora sólo queda que el gran-espejo-sexual, al que así llamamos, que alguien puso ahí por a saber qué malvados propósitos, se me caiga encima esta noche y me mate ipso facto. Las probabilidades son altas, ya que alguien lo clavó a la pared con chinchetas.


Y si a esto le sumamos que Sasha ha pinchado una rueda esta semana...:



¡Mi vida se cae a pedazos!