Miércoles 22. Mi primer día de playa. Voy con Ss., Phava y su madre. Es una tarde muy agradable, el agua está fría como siempre y Phava y yo nos metemos de una vez corriendo agarradas de la mano. Me río mucho y me canso. Las olas son enormes y fuertes como siempre. Estoy en muy baja forma, hace mucho que no voy a la piscina ni al gimnasio. Nos visita un bebe al que no le gusta la playa y sus padres encantados. Nos quedamos embobadas. No nos damos cuenta y nos vamos a las 20. El tiempo pasa volando.

Por la noche, concierto de Tom en el Garufa. Poca gente conocida, sólo tres o cuatro personas. Rocío, Ana, el Chino, los camareros. Me puse triste. Hubo un momento de melancolía, que duró varias canciones. Pensé en irme, estaba cansada, quería estar sola. La incomprensión que siento se apodera de mí a pasos agigantados. Pero entonces, un Tom agotado y sudoroso se baja del escenario, y me pregunta cómo se llama el sitio al que me voy a ir de viaje. "Edimburgo". Vuelve a subir y me dedica una canción. Habla de que ojalá no encuentre trabajo, para que vuelva pronto. Todos me miran con cara de no tener ni idea de quién soy. Tom habla de crónicas y fotos. Yo sonrío agradecida y todos me aplauden. Me siento especial. Me gusta la versión de
Stand By Me de Tom, todos cantamos juntos. Consigo hacerle una foto volteando la guitarra en el aire. Tras el concierto, risas y charlas.

Salimos a la calle para ver la luna más grande que nunca por efecto óptico. Está amarilla y parece más grande, pero nos equivocamos de día, había sido el anterior. Me río mucho con el Chino y con Marcos, Tom se mete contigo y me pica. Me fastidio, sí. Rocío me habla de conseguir trabajo en restaurantes españoles. Carmen y yo nos vamos tarde. Me gusta volver de noche pensando en mis cosas. Al volver a Arteixo le digo que vayamos a la playa. Parecemos niñas pequeñas, corriendo por la arena, persiguiéndonos. Subimos a una torre gigante de socorristas, se tambalea muchísimo y nos entra el miedo. Intento bajar, despacito. Con la de virguerías que hacía yo con Lara Croft haciendo el pino subiendo estas escaleras. Salto al suelo y corro hacia el agua, dejando mi ropa tras de mí. Me lanzo al agua desnuda. Son las 4 de la mañana y el agua está buenísima. Me embriago de mí misma. Carmen se queda anonadada. Habla de que sólo le falta el churri. Y yo pienso "disfruta de ti misma y de tu propio cuerpo". Tras media hora de paz volvemos a casa. La ropa es incómoda y sólo pienso en una buena ducha. Ha sido un día completito.
Jueves 23, noche de San Juan. He conseguido liar a mis compañeros de la pizzería. Al final Missae, Shinchan, Lucha, Bachi, Josema y yo vamos a hacer una hoguera en la playa con una churrascada. Missae y yo vamos de compras. Vasos, platos, cervezas, coca colas, servilletas, patatas y mucha carne, por sólo 5,50 cada uno. Josema y Shinchan roban palés de los obreros. Tenemos que llevar tres coches para llevar la madera.

Vamos a una calita que se llama Valcovito, hermana de Valcovo, donde me bañé el día anterior. Tenemos un hacha, una mesa, una silla y muchos más utensilios que se van uniendo a lo largo de la noche. Hay bastante gente y muy bruta que trae toneladas de madera y tira petardazos que nos asustan y nos dejan casi sordos. No me gustan. Los chicos empiezan a romper la madera a golpe de piedra. Muy prehistórico, sí, pero eficiente. Acabarán reventados. Las chicas recogemos los trozos de madera y los apilamos para hacer la hoguera. Y empieza la diferencia sexual. "No, esto no es así". Nos deshacen la hoguera, nos llaman tontas, se llaman listos y bromean entre ellos. Nos dedicamos a hacer la barbacoa con madera y unas piedras.

Nos caben las dos rejillas para la comida y prendemos el fuego con unas servilletas entre la madera. "Eso no os va a arder". Y vaya si arde. Pero llega otro y nos deshace toda la barbacoa, no sabemos qué hace, la agranda y al final queda lo mismo que teníamos hecho nosotras pero con espacio para una sola rejilla. Y encima se dan aires de grandeza. Por favor. Estoy hara de los hombres. -_- Así que nos cruzamos de brazos y dejamos que lo hagan ellos todo por nosotras, pobres ignorantes. Utilizan gasolina para que la hoguera prenda y Shinchan casi se quema todo el brazo. Acaba lanzando el bote de gasolina entero contra la hoguera y aquello sí que arde. Tenemos miedo de que explote. Josema prepara caipirinha. Parece que está muy buena.

Yo voy al mar a lavar las rejillas de la barbacoa, que están llenas de arena, y me empapo los pantalones. No pasa nada, me pongo junto a la hoguera y se me secan en una hora. Veo a Rachel, la chica del videoclub en otra hoguera y hablamos mucho tiempo de Londres y del viaje. Me empieza a doler la cabeza y el estómago. Se unen a nuestra hoguera otra pareja de amigos de Shinchan y Missae, y acabamos siendo ocho. Tenemos mucha hambre, y queremos hacer la carne ya. Pero yo me pongo cada vez peor, y acabo alejándome para vomitar. Me siento un poco mejor, cuando la comida está lista intento probar algo pero me pongo mal otra vez. Me tienen que llevar a casa y no cato el churrasco. Y todo porque cogí frío al llevar los pantalones mojados. Me da rabia ser una aguafiestas y sólo pienso en el churrasco al día siguiente, cuando estoy recuperada del todo. La noche más corta del año, sí.
Viernes 24. Una visita al hospital. Un desasosiego terrible. Unos ojos grises que no dejan de mirarme. Mis propios ojos que duelen. Una carta por la noche envuelta en llanto desconsolado. Incertidumbre sobre la utilidad de mis palabras. Un saludo de Jake. Hoy hace dos años que nos conocimos.
Lunes 27. Voy a recoger las notas. Aprobé todo. Y mucha gente no se lo cree. Ni yo misma. Ss. me felicita y me dice que disfrute un poco de que me vaya bien. Me voy a comer a Cambalache y a ver Madagascar al cine. No es maravillosa, pero es muy entretenida. Estoy contenta. Mi padre también. ;P
Me quedan 6 días para irme a Edimburgo.
Betta ha gritado al aire | martes, junio 28, 2005 a las 18:37
Creo que voy a aprobar todas mis asignaturas.
Y tengo un billete de avión solo ida destino a Edimburgo. Voy sola y no tengo trabajo.
El día 4 de Julio. Mi día de la independencia. :)
Betta ha gritado al aire | martes, junio 21, 2005 a las 01:42
Betta ha gritado al aire | domingo, junio 19, 2005 a las 18:36
Estoy agotada. Mi cerebro está trabajando muy rápido mucho tiempo, como un disco duro de 7200 rpm (¿se nota que estoy de exámenes?).
No sabéis por qué, y no os lo voy a explicar, porque quiero seguir el lema "dejaré de hablar de cosas que no he conocido ni conoceré".
Aunque creo que esta vez es distinta. Porque creo que voy a hacer algo muy importante y arriesgado. Y porque tengo la esperanza de que saldrá bien.
Pero siempre puede resultar que al final no lo haga. Así que, no puedo prometeros nada. ;)
Betta ha gritado al aire | viernes, junio 17, 2005 a las 19:11

Viernes, 3 de Junio. Hay un concierto en Laracha. Se trata de Víctor Iglesias (que actúa con Silvia Penide y con Os Revenidos, y Mercedes Peón), y Nuria Naya, una conocida que toca de maravilla el violín, juntos formando un grupo bautizado como Camándula. Tras ellos, tocará Silvia Penide. Así que no puedo perdérmelo. Iliana se apunta a ir conmigo, ella conduce. Llegamos a las 23:30 al lugar donde tocan, el Pub Mítico, donde trabajó mi compañera de la pizzería Lucha, y donde nunca hay nadie. Pedimos algo de beber, pido un 100 pippers para entrar en calor y charlo con la camarera sobre la falta de público y sobre Lucha. Iliana se lía a mandar mensajes y a llamar por el móvil y salimos afuera para que tenga mejor cobertura. Veo caras conocidas, y por la calle se acercan Nuria, Víctor y Silvia. Les saludo animada, les doy unos cd's con fotos y vídeos de otras actuaciones y entramos. Tenía muchísimas ganas de poder ver actuar a Víctor y a Nuria, me habían dicho que lo hacían muy bien. Me encuentro con Sonia y algunas otras amigas de Silvia, hablamos y empieza el espectáculo.

Víctor hace una introducción que me gustaría poder transcribir aquí, pero no la tengo. Habla de lo que pasaría si en el mundo se acabara la música. Su voz seria nos hace quedar en silencio, no se escucha ni un murmullo y nos quedamos literalmente
acojonados. El mundo, ciertamente, sería horrible. Al menos para mí, que no puedo vivir sin música. Tras esta introducción, Víctor y Nuria nos acarician los oídos. Un acordeón y un violín juntos son algo precioso. Empiezan con una melodía muy triste, melancólica, para enlazar con temas más animados. Víctor y Nuria se miran, se desafían, se levantan, se hacen burla y se enfrentan haciendo surgir notas cada vez más convincentes. Suena a Francia, a palacios, a bailes reales, a valles escoceses, a Galicia. Hay versiones, reconozco Negra Sombra. Aplaudimos con fervor. Realmente lo hacen muy bien. Me quedo maravillada. Sonreímos y nos movemos al ritmo. Aquí un pequeño ejemplo de lo que hacen:
Camándula (Víctor Iglesias & Nuria Naya).mp3
Iliana se tiene que ir pronto, tengo que buscarme alguien que me lleve a casa o coger un taxi que me costará 10 euros. Iliana se despide y me aprieta la mano dándome un billete. Me quedo muda. "Para el taxi". Realmente no me hace falta, e intento disuadirla, pero no le vale. No le sienta bien dejarme allí. Le digo que si no vuelvo en taxi se lo devuelvo. Y al final, entre tantas caras conocidas surge Olalla, una vieja compañera de clase, y no vuelvo en taxi.

Parloteo con Oralla, una amiga y compañera de piso de Silvia Penide mientras esta se prepara. Hablamos de nuestras vidas, bailamos y cantamos las canciones del nuevo disco de Silvia. Aunque algunas no están incluidas, como "Desafinante crónica", que habla de que tu pareja te quiere sólo cuando eres maravillosa, no en los momentos "bajos". Me gusta muchísimo. La gran sorpresa, acostumbrada a ver a Silvia tocar sola con su guitarra, fue ver subir al escenario a Víctor, sentándose al teclado, a Nuria Naya con su violín y a un chico que todavía no sé cómo se llama, algo así como Álex Massafreti. :S Todos colaboraron en el disco de Silvia Penide, e hicieron un directo calcado. Essa Ratita proyectaba fotos en la pared que Silvia considera muy importantes en conjunto con la música. Detrás de nosotras, tres chicos cantaban con la cara iluminada. Me hacían mucha gracia, parecían muy emocionados. Y nosotras también cantábamos. Pero al fondo del pub se escuchan demasiadas voces que no nos hacen gracia. Mucho ruido. Aunque yo tampoco paro de hablar.

Empiezo a sentirme molesta con el calor que me dan los 100 pippers. Desearía no habérmelo tomado. Le cuento a Oralla que me encanta la canción en gallego, "Sen dúbida", pero esa noche no la tocaría. También le digo que me encanta "Todos los caminos", con la dulcísima voz de Lucía Rolle, y me dice "Pues, ¡está ahí!" No me lo creo y me giro para ver quién tiene la voz más dulce del mundo. No sé si decirle algo o no, pero me envalentono y la abordo. Pone cara de "oh no, me han reconocido, no me gusta nada." Le digo que me encanta en su canción y añado lo de mi página, mis crónicas, mis fotos... Vamos, para hablar de algo y no parecer una tonta histérica.

Lucía Rolle es francesa, (¡y la verdad es que ya tiene apariencia de francesa!) y tiene un nombre muy bonito, el de Lucía es "artístico". Le digo que me encanta la canción "Aire delicado", de Luis Moro, que canta también con Silvia Penide y con ella. Me dice "Pues Luis está ahí". Me quedo pasmada de nuevo. Vale. Me acerco a él, hago unas fotos y de repente me giro y le digo "¿Tú eres Luis Moro?" Él pone cara de maravillado. Y yo le hablo más maravillada todavía. Le digo que me hubiese gustado ir a un concierto de él, que sé que estuvo en el Garufa y me lo perdí. Él me dice que mire la lista de conciertos a ver si puedo ir a alguno un día. Le digo las canciones que conozco que escuché en Falcatruada que me gustan, y le pido una foto con Lucía Rolle. Le digo que Nuria toca muy bien el violín. Él dice que es muy difícil tocarlo, y que ella tiene mucho control del instrumento.
Justo acaba el concierto de Silvia, todos aplaudimos rabiosos, y yo estoy encantada. Silvia baja del escenario, la agarro y le digo que se ponga con ellos. Está temblando de emoción después del concierto. Al final acabo juntando a Víctor, a Nuria, a Álex, a Luis a Silvia y a Lucía y les hago una foto a todos juntos. Le digo a Víctor que toca muy mal, que no me gusta nada, que no voy a volver a verle. Siempre se lo digo, y nos reímos. Me da las gracias por el cd con las fotos. Me alegro de que le haga ilusión. Tengo que irme acto seguido, les doy dos besos a todos y me voy con mi foto como un tesoro, entusiasmada.

Me encanta conocer gente así.
Betta ha gritado al aire | domingo, junio 12, 2005 a las 14:14

Así que al día siguiente cogí el tren a las 06:30 para Coruña, robándole unos instantes de sueño a Bybel para darle un par de abrazos y besos. Al menos cuando salí a la calle no estaba oscuro. Había alguna gente y coches. Me preguntaba a dónde irían o qué tendrían que hacer. Apresuré el paso porque tenía la sensación de que llegaría tarde, y sin aliento me subí al tren. Nunca estoy segura de si cojo el tren correcto, y otro chico estaba tan poco seguro como yo, así que nos subimos y nos confirmaron que ese era el tren. Intenté dormir, pero tenía al lado del asiento un calefactor que llegaba a quemarme a veces. A las 7 de la mañana el tren pareció detenerse horas para dejar pasar a otro tren. Había niebla, no se veía nada y el tren no arrancaba. Me pregunté si no pararían por eso. Pero entonces pasó el otro tren a nuestro lado haciendo temblar las vías, y arrancamos de nuevo. Llegué a las 8 menos cuarto y me dirigí a la parada del bus, pensando en si me daría tiempo a desayunar. Desheché la idea y llegué a la parada.

Había gente del Carroucho fácilmente reconocible por la ropa y por las mochilas. Pero también había muchas personas de la tercera edad que por lo que escuché entre risas se dirigían a hacer "el camino de Santiago en bus". A las 8 ya éramos tres grupos numerosos que no sabíamos a qué bus nos correspondía subir. Alguien dijo que aquella era la parada más movida los sábados por la mañana. El conductor del autobus urbano se quedó atónito. Mientras hacía fotos a la iglesia donde se encontraba la parada, un poco apartada de la gente, se me acercó una chica que me preguntó si era Betta, la que había escrito la crónica y puesto las fotos, que le había gustado mucho. Le pregunté si era Mónica, la que había escrito el comentario al post en la página y era ella. Me sentí abrumada cuando sus compañeras vinieron y me reconocieron también. Una de ellas era Noemí, que había conocido en la ruta anterior. Me alegré de que les gustara y hubiese resultado útil. Me sentí orgullosa.
Subimos al bus, que esta vez no era de dos plantas y me acomodé con mi mochila. Busqué rostros conocidos, y vi a alguna gente de la ruta anterior. El bus arrancó y siguió recogiendo gente en distintas paradas. Cada vez éramos más. Reconocí a dos monitores pero los demás no los conocía. No vi a Álex. En total éramos unas 40 personas. Durante el viaje conocí a Marga, una chica muy agradable con una sonrisa que le ilumina la cara. Me preguntó si iba sola. "Bueno... voy con 40 personas", respondí sonriente. Nos repartieron los trípticos de la ruta, que sería en Orense con un recorrido por montes de unos 20km, terminando en el castro de San Cibrán de Lás. Realmente tenía ilusión por ver el castro, siempre quise hacer una novela sobre los celtas en Galicia. Intenté dormir en el viaje escuchando a Reamonn, mi inseperable compañero, pero fue algo tortuoso y no puedo más que echar unas cabezaditas.

Antes de empezar la ruta, paramos en O Carballiño a comprar la comida, pan fresco o a desayunar. Los monitores nos recomendaron que comiésemos pulpo, y tras ver los puestos preparándose me entró la gula. Me preguntaron si quería ir a desayunar, pero tenía que ir a comprar la comida, no había podido prepararla en Santiago. Recorrí la parte vieja del Carballiño, que era mucho mejor que sus alrededores, al llegar parecía realmente un lugar feo. Teníamos media hora para volver al bus, y compré la comida y descargué el depósito en un baño de una gasolinera. Los compañeros compraban chuches o admiraban un golf descapotable cerca del bus. Vi a Fran, el chico que me había protegido de la lluvia con su paraguas en la ruta anterior, y subimos de nuevo al bus.
Esta ruta recorre la comarca del Carballiño, en los ayuntamientos de Leiro, Cenlle y San Amaro, en la provincia de Orense. Comienza con un componente bien diferenciado: arte representado en el inicio por el Monasterio de San Clodio de Leiro y al final por el Castro de A Cidade.
Paramos para recorrer el monasterio, un lugar decorado con flores muy bonitas y que actualmente es un hotel. Los monitores querían quedarse allí para relajarse. Visitamos las estancias, el patio interior, y yo no dejaba de pensar en el prebisterio, en las columnas y el triforio de Los Pilares de la Tierra, y de imaginarme al monje Phillip recorriendo apresurado los pasillos, intentando resolver problemas y llamando holgazanes a los que no hacían nada. El libro me dio una nueva visión de los monasterios. Aunque aquel era pequeñito, y tenía las paredes manchadas. En una sala comedor preparaban las mesas para la comida muy elegantes, y la puerta de la iglesia estaba cerrada. El sitio está rodeado de unos montes impresionantes, que contemplamos al salir al extremo contrario. Había hasta una piscina. Un buen lugar para perderse un fin de semana.
El Monasterio de San Clodio de Leiro es también llamado del Ribeiro por la comarca en la que está situado. Aunque los orígenes del monasterio datan del siglo VI, no se tienen noticias escritas de su existencia hasta el año 928. El monasterio no conserva ningún resto anterior al siglo XVI, cuando comenzó su reconstrucción. En la actualidad es un hotel de cuatro estrellas.
Mientras pensaba en mis cosas y en que en pronto empezaría la ruta y no sabía si sería capaz de afrontarla, dos monitores, una parejita que me dijo que les había encantado la crónica y las fotos, que lo había hecho muy bien. Y yo les agradecí lo de las "hermosas palabras" que pusieron en la página del Carroucho. Realmente parecía que a la gente le encantaba la crónica, a pesar de escribir siempre tan extensamente. Pero creo que si vives algo realmente te gusta saber todos los detalles. Así que ahora me encuentro describiendo esta lo mejor que puedo.
La gente regresó al bus a coger sus cosas para prepararse. Pantalones cortos, cremas solares, sombreros y palos para caminar. Yo no llevaba nada, pero me dejaron crema solar.
Tomamos como punto de partido un camino ascendente que arranca del monasterio hasta los montes de Cortellas de Arriba donde podremos tener buenas vistas de los viñedos.
Empezamos la ruta con una buena cuesta arriba partiendo del monasterio. Aquello era precioso, todo era vegetación, hacía sombra y pisábamos hojas secas. Era una cuesta muy inclinada, y todos apuntaban que aquel día haría calor. Sin embargo empecé bien, y disfrutaba el camino, aunque nos engancháramos en las silvas. Por el camino tuvimos que sortear ramas caídas, y me hizo gracia que aquello parecía el juego de pasar bajo la barra con música. Tras la primera subida, salimos a un sitio despejado. Aquí es donde yo digo que puedo respirar. Estábamos en lo alto divisando los valles abajo. La ladera estaba arada y dispuesta para plantar viñedos.

Seguimos subiendo por los caminos despejados por la maquinaria, y vimos rocas enormes que se mantenían en equilibrio unas sobre otras. Teníamos que cruzar un camino lleno de piedras resbaladizas que se tambaleaban. Aquello parecía un circuito de supervivencia. Y no paraba de reírme. "Pusimos estas piedras ayer para darle emoción a la ruta..." decía un monitor. "Sí, claro, estabais borrachos y se os ocurrió poneros a mover rocas..." respondió alguna. Y más adelante nos encontramos cartones y botellas de alcohol vacías. Me partía de risa. La gente del Carroucho es alegre, amable, chistosa y con mucho ingenio. Entonces conocí a Belén, una monitora que cuando descubrió que yo era la chica de la crónica no paró de hacerme técnicamente
la pelota. Todo eran bromas "¿Qué tal vas? ¡Ánimo!" "¡Por mucho que me hagas la pelota no voy a hablar bien de ti!". Pero tengo que hacerlo. Es una mujer llena de vitalidad, hacía carreras con los compañeros, iba y venía de aquí para allá, se metía con sus compañeros por el walky talky y nos alegró la ruta. Sobre todo a mí.

Nos adentramos de nuevo entre los árboles, y aquí las rocas se apoyaban en los árboles que se doblaban bajo su peso. Cuando íbamos cuesta abajo, nos encontramos con que nos habían cortado el camino y tuvimos que dar marcha atrás. Aunque yo iba de las últimas de la fila (¡porque tengo que hacer fotos y me retraso, claro! ;P), al dar la vuelta éramos las primeras. "¡Los últimos serán los primeros!" gritamos. Nos peleábamos para que no nos adelantaran, pero a mí me estresaba el ritmo de los demás porque en las cuestas abajo voy muy despacio porque suelo resbalarme y tropezar. En cambio los demás van como motos y en dos segundos están abajo. Todavía no me resultaba muy dura la ruta. Y disfrutaba con el paisaje. Al llegar abajo estábamos en el pueblo de Rioboó, que conserva dos escuelas muy bonitas, una de niños y otra de niñas mucho más lejos, claro. Estaban abandonadas, pero quedaban muy bien con la vegetación subiendo por sus paredes. Hablé con otro monitor, Javier, contándole emocionada que todos me reconocían por la crónica. Él también la alabó, había sido él quien escribió los links en la web. En total creo que eran cuatro monitores en esa ruta. No estaba Jaime de la ruta pasada, y otro hacía esta vez de conductor del autobus. Sorprendente. Otra cuesta más por asfalto y llegamos a una iglesia donde estaban dando misa. Eran las 12.
Bajaremos hasta Rioboó donde veremos las escuelas antiguas y su magnífica rectoral. Pasada esta cogemos a la derecha para luego seguir a la izquierda donde comenzaremos una buena subidita hasta Osmo. Luego de hacer una parada para contemplar la capilla y la iglesia de San Miguel, cruzaremos el pueblo encaminándonos por senderos y pistas forestales hacia Montes Novos.
Y allí fuimos. Era un camino realmente empinado, sólo podía ver los pies y el trasero del que iba delante, empezaba a ahogarme porque tengo asma bronquial y no había llevado el inhalador, y sentía que las piernas me iban a fallar porque las estaba forzando mucho obligándolas a subir y subir por las piedras. Hacía calor y estaba empapada de sudor. Teníamos heridas en las piernas por los toxos y las silvas que se nos enganchaban en las piernas, y Belén se hizo una fea herida en la nariz.

Lo pasaba mal, y veía a gente que también lo pasaba mal, pero otros en cambio parecían no inmutarse ni desprender una gota de sudor. Llegué arriba con el corazón en un puño, y allí ya estaban descansando los que había llegado primero. Nos sentamos a la sombra y bebí a grandes tragos el agua que llevaba, que no resultó ser mucha porque ya se me estaba acabando. Tendría que haber llevado un garrafón de 5 litros... aunque cargar con una mochila llena de agua tampoco puede ser muy bueno. Aunque durante el camino se vaya aligerando. xD Vi la capilla y añoré la carretera que pisábamos, porque allí se podía subir en coche. De todas formas el camino seguía siendo idílico, pensaba en películas como la lengua de las mariposas, o en la gente de hacía décadas, subiendo por el monte y corriendo feliz por los senderos. O sufriendo también por los tortuosos caminos.

Seguimos por la carretera un rato, pasando por la iglesia y por un campo donde parecía que habían hecho una fiesta hacía poco. Cruzamos un pueblecito perdido en el monte, y un señor con una chica se ofrecieron a darnos agua. Había una fuente cerca, pero echaba poca agua y se escuchaban las voces de los compañeros peleando por ser los primeros en coger agua. La chica me rellenó mi botella, pero me bebí casi la mitad de fresquita que estaba, y me la pasé por mi cara enrojecida y abrasada, reconfortándome un poco. Alguien le dijo al señor que a ver si nos daba vino, y él no dudó en invitarnos a tomar de los tres pilones que tenía en casa. Nos reímos, les agradecimos su amabilidad y seguimos el camino.

Eran sendas despejadas, como me gustan a mí. Me encanta poder divisar todo el horizonte, y en el valle abajo, muy lejos, estaba el pueblo del que habíamos salido. Con algunas paradas para recobrar un poco el aliento seguimos ascendiendo, por tierra quemada por incendios y despejada para cultivar los viñedos. Pisábamos agujas de pino y ramas rotas. Muy a lo lejos podía ver a la cabeza del grupo, y luchaba en mi interior por seguir andando. Pero aquella era una cuesta suave y la llevaba relativamente bien. Pensé en el niño que iba siempre a las rutas en cabeza, y en Puri y su marido, dos señores mayores que tenían más vitalidad y fuerza que yo. Era muy triste mi condición física. Y no había entrenado nada. Pero quería ser capaz de hacerlo.

Al final alcanzamos la cima, y descendimos por una cuesta prolongada a la sombra de los árboles. La gente hablaba animada, se formaban corrillos y todos se lo pasaban pipa. Yo iba detrás de todo con los monitores y algunas mujeres más, pero me dio por acelerar el paso y adelantar. Iba decidida, pero cuando parecía que adelantaba algo, me daba la vuelta y veía a los demás tan cerca como antes. No podía más y no tenía agua, y por fin nos encontramos en otra parada con el bus. Les conté a los monitores que no tenía agua y repartieron entre todos Fanta Naranja que había en el bus, pero a mí no me gustó y apareció un monitor con una botella de litro y medio de agua helada, salvándome la vida. Rellené mis botellas y me hinché a beber y a descansar sentada bajo un árbol. Tuvimos que seguir bajando la cuesta, y le pedí a Fran que me dejara probar su palo de esos que llevaban todos para ayudarse, con un pico en la punta para sujetarse al suelo. Cuesta abajo no se notaba su ayuda, pero parece ser un elemento muy importante para hacer rutas de senderismo.
Atravesaremos la carretera que va a Cenlle, cogeremos por senderos (hoy convertidos en pistas forestales) por los montes de A Corredoira y A Carpaceira para llegar a A Lama, donde comeremos.
En la comida aproveché para hablar con Mónica y Noemí de todo un poco, y descubrí que mi profe de redes fue profe suyo en la universidad. Sacamos fotos del panorama desolador de la gente espatarrada, y una chica se molestó porque no quería que le hicieran fotos. No entendí su actitud. Un señor mayor de pelo blanco me llamaba la atención. Llevaba sandalias con calcetines, y no hablaba nada. Sólo miraba y sonreía. Creo que iba solo, me intrigaba. Comimos y nos tumbamos bajo los enormes pinos.

Charlé con Marinet, una francesa muy simpática y nos reconfortamos con la brisa en la sombra y con las copas de los árboles balanceándose... hasta que una amiga de Marinet dijo que podía caérsenos las piñas en la cabeza. -_- Yo me asusté porque la sombra de las agujas de los pinos hacían la forma de una araña en mi pantalón y nos reímos mucho. Tenía heridas en los tobillos por las botas, pero curiosamente sólo me dolían al enfriarse, porque al andar se dilataban y no me rozaban tanto. Tenía ganas de dormir allí mismo, pero tuvimos que levantarnos y seguir adelante. Eran las 15:30.
Tomaremos el camino por Campos, cruzaremos el río Fareixa y atravesaremos la carretera que va a Eiras. Comenzaremos a subir por senderos por los montes de A Ermida y O Couto.

Y así cruzamos otro pueblecito, seguimos por la vegetación, cruzamos un río pequeñito, que luego apareció más grande, y seguimos andando y andando. Yo no podía con mi alma, y libraba una importante lucha psicológica "no sé que hago aquí, esto no es disfrutar, es sufrir, se supone que el hombre lucha por hacer su vida más cómoda y no para sufrir de esta manera, no voy a volver, no seré capaz de llegar, voy a volver al bus..." Vamos, que lo peor de la lucha física es la lucha mental que supone. Realmente eres tú quien dice "ya basta", aunque el cuerpo pueda seguir aguantando. Los monitores se preocuparon mucho por mí, yo sólo quería pararme a descansar, pero sabía que si me paraba no seguiría más, así que avancé. Pensaba en la preciosa ruta anterior, y en lo fácil que había sido y lo que había disfrutado. Eso no lo estaba disfrutando.

Hicimos otra parada en un pueblecito donde nos refrescamos en una fuente y Belén inició una guerra de salpicaduras. Un señor nos hablaba, había una perrera llena de perros de caza y podencos portugueses, y una señora muy vieja nos dijo algo un par de veces que no conseguimos entender.
Cerca de la localidad de Xinzo cogeremos la carretera un kilómetro. Luego de cruzar dicha localidad nos encaminaremos por el bosque de Ourantes hasta el monte de San Trocado de 553 mts. de altitud. El panorama que se extiende por el valle y la Capela en la cima del monte bien valen la pena el esfuerzo que supone esta última subidita.
Yo ya estaba resignada a caer en el camino y morir de cansancio, y en cuanto me preguntaban qué tal iba contestaba que mal, que no iba a hablar para nada bien de la ruta. xD No reconocí Xinzo, que conozco porque vive mi tío con su familia allí, y cuando subíamos este último monte empecé a dejar ver mi sutil ironía. "Joder, qué monte es este, ¿¿¿¿¿el Everest????" "Pobres castrexos, ¡lo que tenían que sufrir por estos caminos!" Mónica se reía con mis comentarios, mientras subía imperturbable, no estaba ni roja ni nada. Me pareció una mujer muy fuerte. "Mujer, es que yo estoy entrenada". Y yo que debería estar entrenando para ser la teniente O'Neil. Que no, que no puedo seguir con esta condición física más tiempo. Al menos me quedan 9 años para ser como Angelina Jolie. Mwhahahahaha. -_- A una señora que estaba mal como yo la empujaba su marido. Otros cogían atajos en el camino. ¡Eso no vale!

Llegamos a lo que alguien describió como "la cabaña del tío Tom", que anunciaba que nuestro destino estaba cerca. Y allí estaba. Podíamos contemplar la altura a la que nos encontrábamos, el río cruzando las montañas (y una autopista -_-), paseé un poco para sacar fotos y caí orgullosa al suelo, ¡lo había conseguido! Y Belén tan pancha, sin un ápice de cansancio. Me hice una foto con ella y con una chica que se llama Raquel. Las dos van a las rutas de la universidad y prácticamente todos los fines de semana a las que pueden. Yo no me veía haciendo senderismo todos los fines de semana, también me gusta mucho la "civilización", y ella me respondió que en el último año se había convertido en una pasión.

Ahora sólo nos quedaba bajar hasta el castro. Acabamos cantando "Si yo canto es por tiiiii, es por tiii, es por tiiii, ¡aunque digan los demás que desafino mucho!", y Belén se metía con sus compañeros "Charly, Charly... es a la izquierda para abajo cuesta arriba o a la derecha cuesta arriba para abajo... Charly, ¡nos hemos perdido!" y al llegar al castro "Oye, aquí hay muchas piedras, ¿están aquí por algo en especial?". Poco le respondían, si estuviese Jaime seguro que me partiría. Todo seguía cuesta abajo por la carretera, y estaba ya muy animada.
En la bajada, nuestros pasos nos llevan hasta Lansbrica, donde termina el sendero. La ciudad de San Cibrao de Lás es un yacimiento que por su configuración formal y monumental constituye un verdadero arquetipo de los castros de la etapa final de la cultura castrexa, coincidente con la romanización del noroeste peninsular. Es una ciudad fortificada que debió ser habitada entre los siglos II a.C y el II d.C. Construcciones galaico-romanas asentadas en una zona donde se encontraron abundantes piezas y restos pertenecientes al Paleolítico Medio, a pesar de que el fenómeno del megalitismo fue parcialmente excavado en esta zona. El asentamiento se encuentra a 472 m. sobre el nivel del mar.
Me recreé. Saqué todas las fotos que me quedaban. Era un sitio muy importante para mí. Realmente quiero hacer esa novela, y se lo comenté a Belén, que me dijo que Kuoro, un monitor, sabía muchísimo de eso, que había escrito el papel de información del castro de la ruta. Pero yo paseé imaginándome como la personaje de mi historia, que ya tenía en mente y un argumento escrito. Donde había pequeñas casas de piedra, yo imaginaba el bullicio de la gente, de los animales, un castro fortificado y fuerte, guardas en las puertas vigilando, gente de caza en el bosque, la amenaza de los romanos en el valle a lo lejos. Todo bullía en mi cabeza. Aquel castro era el más grande que había visto. Tenía un aljibe para guardar el agua, que abastecía a la ciudad. Al final se me acabó el espacio de las fotos, tuve que ir borrando algunas y nos llamaron para volver el bus. Pero también tenía ganas de volver.

Íbamos muy bien de tiempo, y paramos en un pueblo con dos bares a tomar algo. Todos se refrescaban con cerveza, los demás con helados. Un perro muy tímido nos miraba. Hablábamos animadamente. Sobre todo yo, que me sentía capaz de marcarme un baile después de tanto esfuerzo. Pero luego, al volver en el bus, me sentí mal. Pusieron una película, Jet Lag, pero sólo vi trozos. Quería dormir y no podía. A mi eterno dolor de espalda se sumó un dolor angustiante. Como si el corazón me apretara. Un pinchazo constante, que me incomodaba cada vez más. Tenía miedo porque no sabía qué me pasaba, y cada vez más luchaba por controlar las lágrimas. No sabía a quién decírselo, ya me habían escuchado quejarme bastante, y no quería seguir dándoles el día ni fastidiándoles, pero ya a las afueras de Coruña se lo dije a Belén con cara desesperada. Se preocuparon mucho por mí, me dijeron que era del cansancio, de forzarme tanto, que con un paracetamol y acostarme se me pasaría. Y era cierto que había dormido sólo cuatro horas. Me preguntaron si tenía alguien que me acompañara en casa. Mi casa estaba vacía (algo que agradezco mucho), pero en ese momento sí me preocupaba por si me pasaba algo.

No podía casi articular palabra, y cuando llegamos a Coruña ya casi ni me despedí de Mónica y de Noemí, que querían acompañarme a la estación de buses. Les dije que no hacía falta, fui a una farmacia con mis aspecto horrible y le expliqué casi llorando al farmacéutico lo que me pasaba. Él tenía cara de echarse a reír y yo cada vez más con el nudo más fuerte en la garganta. Decidí volver a Arteixo en taxi, no aguantaba más. Volví a ver a Noemí y le pareció buena idea. Aunque sabía que me costaría 12 euros. Pero me daba igual. Y el taxista se portó. No le dje nada, pero fue tremendamente acelerado. Incluso adelantó en línea continua. Vale, que esperaba sobrevivir, no morir en el taxi. Y en mi mente se recreó el momento en que llegaría a casa y me acostaría, y todo fuera oscuridad y sólo sintiera el dolor cada vez más fuerte. No era un buen panorama. Pagué 14 euros al taxista por dejarme en mi casa, subí las escaleras, tiré con la mochila y la ropa y me metí en cama sin ducharme ni nada. Eran las 22:30, y me desperté al día siguiente a las 09:30, viva, sin ningún dolor y feliz de estar bien.
Una ducha reparadora, una ropa bonita y sales a la calle sintiéndote en paz contigo misma, sintiendo que has hecho algo que los demás ni se plantearían. ¡Y habiéndolo conseguido!
Betta ha gritado al aire | domingo, junio 05, 2005 a las 20:12

El viernes pasado, 27 de mayo, después de las clases y de comer cogí un tren para Santiago. Esa noche había concierto, e iría con una persona que adoro:
Bybel. Llevaba una mochila con
ropa para sudar, ya que al día siguiente iría de nuevo con los de
Carroucho a una ruta de senderismo. Sabía que no dormiría mucho, pero no podía perdérmelo. Y tenía muchas ganas de que Bybel me acompañase al fin.
A las 18:00 llegué a la estación de Santiago, y mientras la esperaba, vi a una compañera del instituto que hacía el trayecto en sentido inverso.

Muchos de mis compañeros y conocidos están estudiando en Coruña, en Santiago o en Barcelona. Nos resumimos nuestras vidas en la cola de la taquilla, y apareció Bybel con una perrita pequeñita blanca, que era de la familia con la que compartía piso. Allí nos dirigimos a dejar mis cosas, y conocí a una niña que había ganado un premio de narrativa en su colegio por segunda vez. Sonreí pensando en si yo ganaría alguna vez un concurso.
Llamé a
Mery sabiendo que no podría bajar por sus exámenes de medicina, pero tenía ganas de oírla y de que me dijese en qué sitios podía comprar esas palmeras de chocolate gigantes y riquísimas que sólo hacen en Padrón y en Santiago. Hablaba animadamente con Bybel, contándole muchos pensamientos que nunca pensé que contaría. Paseamos por las calles mojadas de Santiago buscando la panadería, mezclándonos con su gente, esquivando a los turistas con sus mapas y a las palomas que nos rozaban literalmente la cabeza. Compramos la palmera, que era la mitad de lo que me esperaba y más cara de lo que recordaba. Entramos en varias tiendas a mirar ropa bonita, y terminé comprándome otra camiseta del
Rei Zentolo.

Llegamos a la Rúa do Vilar, a la sala Yago, un teatro que originalmente había sido un cine, y reservamos nuestras entradas, que valían 4 euros. Quedaba media hora para que empezara el concierto y nos fuimos a tomar un cola cao a un bar cerca. En Santiago no hay tapas. En Santiago te pides una coca cola y te traen un plato con jamón, chorizo, queso, y cacahuetes. Disfrutábamos nuestro cola cao mientras unos franceses pedían al camarero jambon, mientras una viejecita pintoresca miraba con curiosidad a su alrededor y mientras
Carlos Blanco leía un periódico sentado con un amigo.
A las 20:30 en punto esperábamos a la puerta del teatro. El concierto tenía por nombre
Santiago non soa:
Presentacion: Carlos Blanco
Actuaciones: Hector Lorenzo, Tom, Najla, Alfredo Padilla, Pablo Seoane, Uxía Senlle, Pepa Yañez, Diego massimini, Davide Salgado, Rafa Gradín (percusión), Quique Azambuya (jazzman), y muchos musicos más
Reivindicando el derecho de los musicos a poder trabajar, derecho que vemos cercenado debido a la desidia de los órganos de gobierno que deberían ocuparse de procurar una solución a los músicos, que venimos trabajando desde hace años por y para la cultura de Santiago de Compostela y de Galicia entera.
¡Ojalá no se tapen los oidos y Santiago vuelva a sonar!Había bastante gente esperando, y vi a Rocío y a Ana buscando un sitio por dónde entrar. Salió entonces Tom a buscarlas, y me pareció que estaba muy guapo, elegante con una camisa blanca y con una barba que le queda muy bien. Nos saludamos y abrieron las puertas. Yo ya había estado en el teatro hacía tiempo viendo una obra. Es un edificio muy antiguo, que conserva la decoración de sus inicios. Un sitio precioso.
En la entrada vi a
Gustavo Almeida, con su eterno cartel del nuevo disco. Nos saludamos encantados. Aquello parecía una rememoración del Festitom.

Subimos al piso de arriba, al que se accede por dos escaleras custodiadas por las figuras gigantes de Rosalía de Castro y Valle-Inclán. Allí están los baños, con unos sillones de época y unos carteles muy representativos "Caballeros" y "Tocador". Es una gozada abrir las ventanas y ver las calles de Santiago con su bullicio. También en este piso se encuentra el anfiteatro, que aunque tiene 106 butacas, sólo 13 son utilizables para ver las obras de teatro... o los conciertos en este caso.
Bajamos y buscamos un sitio. "Perdonad, las dos primeras filas están reservadas para los músicos". Nos sentamos en la cuarta, e intentamos hacernos una foto juntas, pero parecía algo imposible.
Pronto se llenó la sala de gente, y empezó la actuación.

Un chico que se parecía en cierta manera a Jim Carrey hacía las presentaciones. Al principio pensé que quizás era nuevo como presentador, sus chistes eran acelerados y algo simples para mi gusto. Podría deberse a los nervios, pues durante toda la actuación se fue relajando y cada vez me parecía muy simpático. Entre actuación y actuación nos contaba todas las anécdotas del teatro, de la vida de Santiago y de sus campanas, se metía con un músico muy curioso que se llamaba Elías y con el chico de sonido que no paraba de ir y venir al escenario por los problemas técnicos. En una ocasión, hasta rapeando por petición del presentador, lo que nos hizo desternillarnos de risa. También el presentador subió con un cómic de Angel Sefija, dibujante de El Jueves, en el que hablaba de lo que verdaderamente cuesta hacer un cd y por qué la gente piratea. Un tema muy polémico.

Antes de que empezaran los conciertos subió al escenario Carlos Blanco. Y su discurso no fue de risa concretamente. Parecía apesumbrado. Aunque algún chiste nos hizo sonreír, el tema parecía serio. Pero al final acabamos riéndonos de lo lindo con sus historietas.

El primero en subir al escenario fue Tom. Como dije antes, tan elegante, tocó con su guitarra sólo dos canciones: "La ramita de laurel" y "Ha salido el sol". Aquello no podía ser una fiesta como son todos sus conciertos, y me apenó que Bybel no pudiera disfrutarlo tanto como lo he disfrutado yo en sus conciertos. Me hubiese gustado que tocase "Y la vida se me va", es una de sus mejores canciones y le daría a la actuación el punto de melancolía e identifcación del público. Aplaudimos encantados y volvió a sentarse, pero un rato después desaparecería para ir a dar un concierto en Sigüeiro.

Los siguientes en subir al escenario fueron un violinista, un guitarrista y una chica muy guapa que tocaron unas canciones preciosas en gallego. El violín nos puso los pelos de punta, las letras del cantante nos engancharon y la voz de la chica nos sorprendió con su dulzura. Parecía un pájaro al vibrabar sus cuerdas vocales en su cuello. Fue una actuación muy dulce. Aquí teneis
un trocito de ejemplo de lo que digo :).

Me fastidió en sobremanera un chico que daba patadas en mi asiento siguiendo el ritmo. Pero realmente no daba patadas en mi asiento, si no en el suelo. Aquello resonaba mucho.
Tras ellos, subió Gustavo Almeida. La voz de este brasileño siempre me parece triste, y sus historias conmovedoras. Historias de aceptación en un lugar lejos de tu tierra natal, de la lucha por hacer lo que a uno le gusta y conseguir el respeto de los demás. Y no fue el único que cambió así su vida. Muchos de los demás músicos eran sudamericanos. De hecho nos costaba entender un poco sus canciones.

Después de Gustavo, subieron un guitarrista, un bajista y el simpático batería africano, Elías. Nos dieron una sesión de jazz, algo que no suelo escuchar, pero que en directo suena muy bien. Seguidamente, una señora argentina subió al escenario con el guitarrista y nos sorprendió con una desgarradora voz.

Entre aplausos, palmas y sonrisas, otro grupo sudamericano compuesto por una chica, un guitarrista y el percusionista Rafa Gradín que colaboraría durante toda la noche con los demás artistas, tocaron unas decididas canciones y una versión muy bonita de otra cantante sudamericana.

Aunque el presentador se equivocara con los nombres de los artistas, creo que el que subió después de llamaba Alfredo Padilla, al que tampoco entendimos mucho.

Al fin subió después Diego Massimini, quien fue al primer Festitom pero no pude ver. Sin embargo, tocaría sólo la guitarra para Uxía Senlle. Me habían comentado que esta cantante era bastante famosa en Galicia, pero nunca la había visto. No es que me resultara espectacular, pero animaba mucho al público. Quizás fuera porque sus canciones eran nuevas, pero no dejaba de leerlas en el papel.

Le tocaba el turno a Pablo Seoane, que tocaba el piano y fue compañero en el grupo de baile gallego de Mery, tocando la gaita. Elías volvía a la batería y había otro chico que tenía un enorme... contrabajo. Era espectacular, no me imagino tener que llevarlo a la espalda. Lo hicieron muy bien.

Otro chico después nos hizo reír con una versión de unos amigos africanos que querían que la tocara con su guitarra. Tampoco nos enteramos de nada, pero lo pasamos muy bien.

Tras él
Diego Massimini con una guitarra chulísima, con Pablo Seoane y un acompañante al bajo. Fue todo muy relajante, pero al final ya me empezaba a aburrir un poco por no entender ni saberme las canciones.
Pero para entonces acabó el concierto, con una actuación final de Rafa Gadrín, la señora argentina y un guitarrista. Salimos contentas por el espectáculo, y yo todavía más cuando vi que a Bybel le había emocionado mucho.
La calle seguía muy activa de noche, y fuimos a un cyber a descargar las fotos de la cámara, a una farmacia a comprarme algo para el dolor de cabeza y a un sitio donde nos hicieron un bocadillo y un perrito muy baratos que nos comimos en casa y que estaban buenísimos, mientras charlábamos con la mujer de la casa. A la 1:30 nos fuimos a dormir, y puse el despertador a las 5:45 de la mañana para volver a Coruña y coger un bus con los de Carroucho rumbo a Orense.
Betta ha gritado al aire | sábado, junio 04, 2005 a las 22:00
Quizás sea de tontos emocionarse. Quizás expresar la felicidad, la alegría, la paz interior que se siente en sólo unos instantes tenga que ser reservada, mostrada al mundo tan sólo a través de una leve sonrisa.
Siempre quise ser capaz de reservarme todo, mis pensamientos, mis sensaciones y mi alegría, mostrando al mundo una ínfima parte, regodeándome en mis recuerdos y sintiéndolo para mí sola.
Pero no puedo. Hay veces que la emoción me embarga de tal manera que no soy capaz de guardármela, que estalla en forma de risas, saltos, de abrazos, de besos, de bailes, de cantos, de alegría infinita. Y entonces todos me miran curiosos, sonriendo apabullados por mi felicidad, mientras yo giro en un mundo maravilloso en el que todo va rápido, mientras los demás se quedan parados observando.
No me gusta estar tan acelerada a veces. Desearía poder controlarme.
Pero me alegro de que todavía el mundo siga emocionándome.
Betta ha gritado al aire | a las 02:33
Este fin de semana hubo mucho de esto:



Y mucho más de esto:





Todo ello en consonancia con el día de las
Fuerzas Armadas en la Coruña Vs.
Fiestas de las Flores en Arteixo. ¡Qué irónico!
Cuando apruebe mañana mi examen de redes os lo cuento. Que por si no os lo parece, me lleva horas escribirlo. -_-
Mientras tanto... ¡implorad por mi
alma cerebro!
Betta ha gritado al aire | miércoles, junio 01, 2005 a las 18:36