Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Pity era Rita. Rita tenía una enfermedad que la perseguía desde los 18 años: cáncer. Cáncer de mama. Resulta impensable que alguien tan joven pueda sufrir cáncer. Y resulta más impensable que después de dos años su corazón dejase de latir.
Una gran parte de mi propio corazón estaba llena con ella. No puedo describir aquí cómo Rita llenó mi vida, cómo hizo que fuera maravillosa y que todo fuese una alegría constante. No puedo olvidar nuestras lágrimas de risa, nuestras aventuras, nuestras ilusiones, nuestras charlas sentimentales y nuestros abrazos de consuelo.
Rita murió la madrugada del 18 de julio, cuando yo estaba en Edimburgo. Estaba molesta conmigo porque no había ido a verla al hospital. Así que antes del viaje, fui a verla. Estaba blanca de encierro, hirientemente delgada, con la pañoleta cubriéndole su cabeza y con los ojos grises. No eran sus ojos. Ella tenía los ojos verdes, una mirada preciosa, y supe que algo no iba bien. Pero se le iluminaron de sorpresa cuando me vio llegar. No había dormido en toda la noche por el dolor, y le costaba mantenerlos abiertos para mirarme. "¿Cuánto llevas aquí?" Siempre estaba entrando y saliendo del hospital. "Dos semanas... Se me ha encharcado un pulmón". Me senté a su lado, y hablamos. "Así que ayer estuvisteis de juerga en el hospital, saltando las hogueras de San Juan por el pasillo, y por eso no dormiste ¿no?" Le salió una sonrisa que me alegró el corazón. "Me encanta la bso de los chicos del coro desde que me la enseñaste en Santiago". "La peli de los niños que cantan" Rita estudiaba trabajo social en la universidad de Santiago. Aprobaba todo. Había ido a pasar el día con ella en su cumpleaños. "Yo quiero ver Charlie y la fábrica de chocolate". Le encantaba Johnny Depp. Ya tenía el póster en su habitación. No pudimos seguir. Se dormía. Y yo estaba sentada a su lado, y la miraba, y las lágrimas se asomaban a mis ojos. No quería que me viera llorar, pero abría los ojos de vez en cuando para mirarme. Me angustié, me levanté, me asomé a la ventana, y cuando sus padres me dijeron que podían llevarme a Arteixo, acepté. "Llámame cuando salgas del hospital", le dije. Ella asintió, y sentí su mirada siguiéndome hasta que me fui. No volví a verla más.
Esa noche, sentada en mi mesa ante un folio en blanco, le escribí una carta. Pidiéndole perdón por no haberla ido a ver, intentando hacerla comprender que me partía el alma verla así, quería verla como siempre la he visto, caminando con paso decidido, con la sonrisa en la cara. La conocí cuando llegué a Arteixo con 13 años, en la biblioteca. Con su aparato dental, con sus gafas, sus dos coletas y su uniforme del colegio. Hablábamos de animales, y me llevó a su casa a ver su acuario. Había pasado mucho tiempo. Y lloré. Lloré desconsoladamente. Firmé con un "Te quiero". Y siempre había odiado no pertenecer a su mundo como me gustaría. Pero estábamos ahí, la una para la otra. Nos queríamos. Le mandé un cd que me había pedido con canciones que me gustaban. Y, a parte, un cd pequeño con una sola canción: "Días de verano", de Amaral. Estaba llena de significado, y podía describir lo que había escrito en la carta.
Rita leyó mi carta.
Murió durmiendo. Insuficiencia cardiorespiratoria. No pude ir al funeral. No pude llorar hasta quedarme sin lágrimas, no pude sentir el dolor en mis entrañas, no pude pensar hasta agotar mi mente, no pude asimilar que ella ya no estaba. Que se llevaban en una caja tanta comprensión, tanta alegría y tantas ilusiones que no volvería a compartir jamás. Estaba sola en Edimburgo, y no pensaba en lo que yo sufriría sin ella. Tengo millones de recuerdos que me hacen sonreír. No. Pensaba en ella. En toda la vida que no viviría, en todas las cosas que la emocionarían y no podría ver, probar, sentir. Cosas que no podría contarme.
No debería haber muerto. Estaba llena de vida.

No quedan días de verano para pedirte perdón
Para borrar del pasado el daño que te hice yo
Sin besos de despedida y sin palabras bonitas
Porque te miro a los ojos y no me sale la voz
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y en la luz de esa mirada tuya
No quedan días de verano, el viento se los llevó
Un cielo de nubes negras cubría el último adiós
Y fue sentir de repente tu ausencia como un eclipse de sol
Porque no vas a mi vera
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y en la luz de esa mirada tuya
Esa mirada tuya
Desde esos días de verano vivo en el reino de la soledad
Nunca vas a saber cómo me siento
Nadie va a adivinar cómo te recuerdo
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y esa mirada tuya
Esa mirada tuya
No quedan días de verano
No quedan días de verano
Para borrar del pasado el daño que te hice yo
Sin besos de despedida y sin palabras bonitas
Porque te miro a los ojos y no me sale la voz
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y en la luz de esa mirada tuya
No quedan días de verano, el viento se los llevó
Un cielo de nubes negras cubría el último adiós
Y fue sentir de repente tu ausencia como un eclipse de sol
Porque no vas a mi vera
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y en la luz de esa mirada tuya
Esa mirada tuya
Desde esos días de verano vivo en el reino de la soledad
Nunca vas a saber cómo me siento
Nadie va a adivinar cómo te recuerdo
Si pienso en ti siento que esta vida no es justa
Si pienso en ti y esa mirada tuya
Esa mirada tuya
No quedan días de verano
No quedan días de verano
Betta ha gritado al aire | miércoles, agosto 17, 2005 a las 17:49