
Autobuses. Equipaje. Carreteras serpenteantes. Cuesta con casa en la cima. Campo de pinos. Atardecer. Tiendas de campaña. Amigos. Gente. Bullicio. Risas. Música. Comida buenísima. Saltos. Palmas. Conversaciones. Más música. Amanecer. Descanso. Despertar. Desayuno. Calor. Naturaleza. Animales. Paella. Relajación. Más música. Actuaciones. Más risas. Atardecer. Cine en la hierba. Mucha más música. Coros. Saltos. Alegría. Miles de fotos.
Fiesta.
¡Festitom!Allí estaremos... por tercer año consecutivo.
¿¿Ya??
Coño, sí que pasa el tiempo.
Betta ha gritado al aire | domingo, abril 30, 2006 a las 23:33
Cosas buenas de vivir en un piso compartido de 5 estudiantes (a la par que trabajadores) de edades comprendidas entre los 19-24 años, de sexos varios.
- Nunca estás solo.
- Si te quedas sin recursos, siempre te ayudan. Desde un "Jo se me ha acabado la leche, ¿me dejas un poco?", "¿Tienes dos rebanadas de pan?" "¡Te cojo una lata de atún para la pasta!", a "¿Me devuelves el secador de pelo? Uy, jeje, sí, tengo que comprarme uno, pero total para lo que lo uso..." "Tía, tengo una presentación, tengo que llevar una camiseta negra y no la tengo limpia, ¿me la dejas?". También pueden traerte cosas del super si estás en pijama y no te apetece salir.
- Si eres bueno en algo, puedes ofrecerte a ayudar. A cambio, ellos te prestarán su ayuda. Ejemplo: tú me arreglas el problema de mi ordenador, yo te ayudo con la traducción de ese cómic.
- Tu compañero de piso es tu amigo. Siempre dispondrás de acompañante para ir al súper, a andar en bici, de compras (incluso a esa juguetería que te hace tanta ilusión), a conciertos, a actuaciones, al cine... Cuantos más compañeros de piso, más donde elegir.
- Poder jugar al rugby en el pasillo, a ver quién tira la pelota al otro patio antes, o a descargar adrenalina con la consola del propietario. Cuantos más compañeros de piso, más actividades con el material de cada uno.
- Las quedadas instantáneas por messenger: "Hey, estoy viendo algo genial, ven a mi habitación". Que pueden acabar en una sesión de cine con todo el mundo metido en la cama del anfitrión del cuarto. Ehem.
- Los amigos de tus compañeros de piso, son tus amigos. Puedes llegar un día y ver preparada una olla de comida "Coge, coge, que he hecho para todos". Saldrás a beber y bailar con gente que no conoces, pero que serán como de la familia. Esto es realmente genial si vives con una irlandesa y acabas con todos sus amigos irlandeses o de diversas nacionalidades practicando tu fluido inglés de borrachera.
- Si no puedes dormir o tienes tu horario cambiado, puedes ir a cenar a las 2 de la mañana, que alguien en tu situación se unirá a ti y acabareis de cháchara.
- Lo tuyo es mío. La tele de la cocina, o el radiocd de la ducha se aportan voluntariamente al mobiliario de la casa, y todos vivimos más cómodos.
- Si te vas unos días a casa, o al Festitom, te cuidarán la cobaya.
Cosas malas de vivir en un piso compartido.
- Nunca estás solo.
- Si alguien se queda sin recursos, puede ir cogiendo algo de tu armario porque tu respuesta será "claro, te lo dejo". Eso no mola. Acabarás todo paranoico mirando tu almacén a ver si algo está mal colocado.
- Si quieres que te ayuden con algo, puede que estén demasiado ocupados (o vagos) y se cansarán enseguida, dejándote con el mal sabor de boca de "apáñatelas tú solo" después de haberles arreglado tú su problema.
- Que no te apetezca/quieras hablar en la cocina, que no te apetezca/quieras que estén en tu cuarto, y sobre todo que no te apetezca/quieras que te lancen balones contra la ventana o te hagan gracias por la ventana.
- La limpieza. Que dejes toda la cocina limpia y a la mañana siguiente te encuentres todos los cacharros rebosando y todo pringoso. El sentimiento de "soy su chacha y no hacen nada".
- Que sobrealimenten a tu cobaya o entren en tu cuarto para jugar con ella cuando tú no estás.
- Que seas el portero automático y dejen de usar sus llaves porque ya estás tú para abrirles. Que contestes todas las llamadas constantes de madres, abuelas, y novios, y que se suponga que tú debes saber su paradero.
- Que llamen a tu puerta insistentemente y te despierten para pedirte favores en el momento de desconcierto de "¿pero qué hora es y por qué coño me has despertado?".
- Que tengas el horario cambiado y den golpes en tu pared para que no escuches tus series favoritas tan alto. Que ellos sean los que te molesten a tú con sus altavoces dolby surround.
- Oh sí. Que alguno te caiga mal y tengas que verle todos los días y rehuirle, aunque tengas mucha hambre o muchas ganas de ir al baño.
Sí, claro. Podría seguir.
Betta ha gritado al aire | lunes, abril 24, 2006 a las 01:30
Llevaba un par de semanas
con el culo pegado a la silla, sin dormir, sin comer,
sin cagar, sin hacer nada más que leer código, estudiar código, aprender código, editar código para hacer una web decente para la editorial de cómics
Recerca Editorial. Yo hago como Newton, saco algunas ideas de aquí, otras de allí, y me creo mi propia idea. Ya tenemos un catálogo y un foro operativos (y doy las gracias al php prediseñado), pero seguiré dándole muchas vueltas al código mientras me aprendo la vida y hazañas de Buffy Cazavampiros, porque tengo que traducir su noveno cómic y no sé nada de ella. Me han mandado un paquete lleno de cómics y de episodios de la serie, y si no acabo haciéndome fan de ella, probablemente termine odiándola.

Así que con mis ojeras y una alergia horrible que me dejó la cara roja y pelada, cogí la maleta y me fui a Padrón a disfrutar dos días de descanso en el sofá, de paseos por el pueblo, de churros de chocolate, de familia 100% gallega, de alboroto de feria, de tambores retumbando por todos los sitios, de procesiones desde el balcón y la sensación de ver a toda la gente crecidita con una vida que nunca le predecirías en el colegio.
Estuve contenta, estuve triste. Me desorienté mentalmente.

El sábado unas amigas de Arteixo nos recogieron a mi hermana y a mí, y recorrimos la costa de Coruña para básicamente, hacer
fotos. Y la ley de Murphy se cumplió, me quedé sin pilas pero pude arrancarle un par de disparos a la cámara en cada sitio. Visitamos lugares donde yo veraneaba de pequeña. Y mientras la conductora explicaba y explicaba cada sitio, mi hermana y yo nos mirábamos y sonreíamos con complicidad. Puertos, playas y un monte altísimo con caballos salvajes desde donde se veía el mundo entero. O casi. Impresionante.
Por la noche volvimos a Coruña, me fui a casa con la pandilla de Arteixo, bebimos, reimos y el domingo ya estaba aburrida otra vez. Hasta que llegaron los compañeros de piso de sus respectivas vacaciones. Vivir solo o acompañado, las dos cosas tienen sus puntos positivos y negativos que hacen muy difícil el decidirse.
La alergia se me ha pasado y he vuelto con el código.
Betta ha gritado al aire | lunes, abril 17, 2006 a las 18:47
Cuando de pequeña desayunaba, y veía frente a mí el cartón de leche de
Feiraco, nunca veía esta linda y sencilla vaca:

No, yo veía la cabeza de un monstruo, y para más inri hacia arriba. Dado la vuelta, resultaría esto:

¿Qué hacía la cabeza de un monstruo en un cartón de leche? No lo sé, pero eso era lo que yo veía, y no me di cuenta de que era una vaca hasta ser bien mayor.
Pero es que por mucho que sepa que eso es una vaca, yo sigo cogiendo el cartón y viendo la cabeza de un monstruo.
Podría aplicar este sencillo razonamiento a muchas de las cosas que me obsesionan y que llevo muy arraigadas dentro de mí.
Cada uno ve lo que quiere ver.
Lo difícil que es cambiarnos la realidad.
Betta ha gritado al aire | miércoles, abril 05, 2006 a las 19:28
El jueves pasado tuve la oportunidad de volver a ver a
Silvia Penide después de mucho tiempo. Pero mucho. Y tenía muchas ganas de verla. Pero muchas. Tocaba en el Forum Metropolitano, que está al lado de mi casa, y actuaba junto a un tal
Xurxo Mares que no conocía. Con mi carnet joven, me saqué la entrada por 4 euros.
Esta vez me acompañaba a la actuación
Gabriel, un chico que conocí en los conciertos de Tom, y que no dejo de encontrarme por la ciudad... por la calle, en el Forum, hasta en la cervecería donde celebré el día de San Patrick, él empezaba a trabajar de camarero... es muy majo, y siempre tenemos largas conversaciones. Y esa vez no iba a ser para menos.
Durante la espera empecé a ver caras conocidas de Arteixo, incluso cayó algún que otro saludo. Ocupamos unos asientos cerca del escenario, pero unas señoras se sentaron delante de nosotros... unas
ancianas pijas de la Coruña, como se podrían calificar. No había mucha gente, y la verdad es que me sorprendió, porque parecía un concierto muy sonado y a Silvia la conoce mucha gente. Y por la publicidad parecía que a Xurxo Mares también.

Su actuación, digamos, me dejó indiferente. Me parecieron todas unas melodías muy parecidas, comenzaba cada canción con una estrofa de su letra, como si quisiese decir algo profundo, pero que a mí me pareció más
poesía barata. Vamos, coger una estrofa típica, una idea típica, un dicho popular, y hacer que rimase... Parecía la
música de fondo de un bar con clase, sobre todo con ese pedazo de contrabajo. No, no me gustó, y estoy siendo mala, porque por una parte el escucharlo me daba más ganas de ver a Silvia, y por otro lado mi vena
critico-irónica-sarcástica salió a relucir con Gabriel y no paramos de meternos con él... que si ese flequillo, que si el tipo de la batería es muy simpático y queremos ser sus amigos, que si cuando dice "corazón" se parece a Sabina... Muchas, muchas cosas que nos hicieron reír y llevar con buen humor la hora que actuó este hombre... Y las señoras de delante que se molestaban con nuestros comentarios. "Igual son familia... ¡igual es su madre!" Y de hecho, al final la señora le gritó "Jorge, ¡ven aquí! ¡ven aquíii!", y el pobre hombre abochornado salió del escenario. Y mientras hacían un descanso para cambiar los instrumentos, se cruzó con nosotros por el pasillo... y con mala cara. Hum. Mi veredicto: una buena voz mal aprovechada.

Y por fin llegó el momento de Silvia. Como esperaba (y deseaba), allí estaban
Nuria Naya, el joven portento del violín,
Víctor Iglesias, el gran portento del acordeón (adoro ese acordeón, ellos forman el grupo
Camándula del que ya hablé hace tiempo...) y del teclado,
Alejandro Massafret al bajo (con ese porte tan sereno), y la dulce Silvia, con esa cara tan linda que tiene y esos ojos brillantes que son un fiel reflejo de su interior.

Y nos callamos para disfrutar de las canciones. Su voz, tan profunda (sí, yo dije muchas veces que me recordaba a Phoebe en Friends... :P). Nos ensimismamos, cantamos las canciones en nuestro interior, esperamos los cambios de ritmo y las variaciones que sólo en los conciertos se pueden apreciar... Y
conocí un poquito más a Silvia en las historias que cuenta, casi apurada pero con las palabras exactas, sus propias vivencias que uno imagina pero no sabe, de alguien que crea una canción. Su abuela Felicidad, ese amigo que no coge el teléfono y la llama, su hermano y cómo quiere protegerle de la vida... Creo que nunca sería capaz de hablar así y expresar con palabras el cariño que tiene a su familia. La capacidad de expresar sus sentimientos tan fácilmente, y ante todo el mundo. Y sobre todo, ese sentimiento que hizo que experimentara cuando se refirió a su música como la vía de escape de sus emociones... de sentirse bien con lo que hace. Hace poco que comprendí ese mensaje.

El acompañamiento, como tan bien dice ella, eleva las canciones del suelo, y me gusta, me gusta mucho más escuchar un violín y un acordeón seguir su propio camino durante la canción, y el bajo marcando el ritmo de todos.
La canción preferida de Gabriel es "Amo". Las mías, muchas. Desde "Mi cielo", "Feliz", "Star Bar", "No quiero", "Todos los caminos"... pero nunca, nunca he podido escuchar esa delicia cien por cien gallega que se llama "Sen Dúbida", la única canción en gallego "normal" que conozco y que es, simplemente, preciosa. Pero tuvimos la oportunidad de escuchar una nueva canción. Podeis oírlas en la radio que tiene en la portada de su página. :)

Nos hizo sonreír, los únicos lapsus que tuvo resultaron muy graciosos y después de la actuación me acerqué a hablar con ella. "Parece que no vivimos en la misma ciudad", dijo, y yo sentí que esa era la ciudad que me gustaba. Por allí andaba
Lucía Rolle,
Sevigny, que ya algunos conoceis bien ;), y un chico de
Falcatruada que vendía cd's como rosquillas.
Después de las despedidas, de comprar los cd's que nos faltaban en la colección, de ir a tomar algo y pasar horas charlando, y darte cuenta estupefacto de la hora que es, volví a casa.
Esta es la ciudad que quiero disfrutar.
Si es que me salen unas cosas más sentimentales... ains. Aquí os dejo
un vídeo de la actuación, no se ve bien, pero se escucha, que es lo importante... Para que veais a qué me refiero. :)
Betta ha gritado al aire | martes, abril 04, 2006 a las 02:09