Maybe it's just me
Volvió a la devastadora soledad de su habitación. Dejó su bolso sobre la cama y se sentó en una esquina del colchón. Se quitó los zapatos con los pies, y cayó de espaldas sobre la colcha. Miró al techo, esperando encontrar una respuesta, y sólo encontró un reflejo gigante del signo de interrogación que parecía proyectarse a través de sus ojos.
No era un mal día. El sol brillaba, el barrio estaba tranquilo, dormido a las seis en punto de una tarde de domingo. La suave brisa entraba a través de los orificios de la persiana, que se encontraba en su punto justo de elevación: la luz perfecta, la sombra perfecta, la brisa perfecta. Sus pies, liberados, jugaban con sus calcetines, y su cuerpo formó un ovillo devastado de pelo desordenado y ropa sudada.
Cerró los ojos y prestó atención a su propia respiración. Los cantos de los pájaros en los árboles cercanos, parecían detener el tiempo. Inspiración. Expiración. No había nada más.
Pero su cabeza volvió a funcionar. Lentamente, fue cayendo en su propia trampa.
Y, después de cinco minutos de contención, la lágrima de la verdad resbaló por su mejilla.
Betta ha gritado al aire | jueves, junio 12, 2008 a las 02:30